En esto estamos fallando

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A lo mejor no somos tan malos con la pelota, probablemente sólo perdimos la audacia para hacer jugar a los jóvenes cuando son realmente jóvenes.

En la primera pelota que toca jugando por Colo Colo, el día de su debut oficial en la Copa Chile contra San Felipe, el delantero Manley Clerveaux recupera el balón para su equipo. Luego se muestra insistentemente, pero sus compañeros prefieren mantener la posesión. El resultado parece darles la razón, porque están ganando y quedan pocos minutos para el final: hay que asegurar. Pero un 1-0 ante un equipo de la B tampoco es la gran cosa. Es más importante, o debería serlo, pasarle el balón al cabro chico que acaba de entrar.

¿En serio es importante darle un pase a Clerveaux? No, es imprescindible: en primer lugar porque de relatos como el de Clerveaux está construida la historia de Colo Colo. Chamaco Valdés, con 17 años, le hizo un túnel a un rival el día de su debut. Carlos Caszely, con 16, lo primero que hizo fue gambetear a un contrario. En otros clubes se cuenta lo mismo: Leonel Sánchez en la U y Alexis Sánchez en Cobreloa, también con 16.

Por suerte, el primer pase que recibe Manley Clerveaux en su carrera es un pelotazo de Claudio Aquino que él controla en busca de un espacio y luego de bicicletear un par de veces elude al defensor que tiene encima con una hermosa finta, se acomoda para rematar con la derecha y su tiro sale apenas desviado, rozando el vértice del arco de San Felipe.

Pudo ser un golazo, pero si lo hubiera sido habríamos hablado buena parte de la semana de la nueva joya en preparación de nuestro fútbol, seguramente con la incomodidad de quienes todavía creen que a los jugadores jóvenes en Chile hay que protegerlos de los titulares de prensa, las zapatillas de marca y sus propias historias de Instagram. Como si de alejarlos del ambiente de superficialidad y materialismo que rodea a los futbolistas ganadores dependiera realmente su consolidación como atletas de alto rendimiento.

Están equivocadísimos: una cosa es alejar a los futuros cracks de las tentaciones, pero algo muy distinto y perjudicial es privarlos del ruido y la presión ambiental que significa ser un futbolista profesional exitoso. Y lo peor de todo es que se trata de una idea central en todos los clubes que preparan jóvenes. La presión seguramente malogrará la carrera de más de alguno, pero la ausencia casi absoluta de ella, que es lo que pretenden los formadores nacionales, los va a transformar a todos en jugadores de mediana capacidad competitiva mientras que aquellos que estaban destinados a perderse se van a perder igual.

Hay que darle el pase a Clerveaux, pero Clerveaux tiene 19 años. Ya está atrasado, el pase debió ser antes, con 18 o 17. Y esa única jugada que hizo en San Felipe debería ser su carta de presentación para seguir jugando. ¿Cuántos extremos que hacen esa maniobra tiene Colo Colo en su equipo de honor? Esa es la respuesta. El fútbol chileno está perdiendo plata y triunfos. El único jugador de la Sub 17 en el Sudamericano de Colombia que ha jugado en primera división es Martín Jiménez, de Audax Italiano. A lo mejor no somos tan malos con la pelota, probablemente sólo perdimos la audacia para hacer jugar a los jóvenes cuando son realmente jóvenes.

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