Estaba en el patio, donde también había rastros de sangre
Danny Dávalos, el principal sospechoso, permanece inconsciente, sin poder explicar qué pasó el día de las muertes.
Hace una semana la familia de Danny Dávalos se había extrañado de la conducta que estaba mostrando el hombre de 48 años, que al hablar solía incluir incoherencias. Pero Danny continuó cuidando la apartada parcela del abogado Raúl Santa María, su cuñado, en Curacaví.
El lunes fueron los detectives quienes se enfrentaron al extraño actuar del hombre que alguna vez fue mecánico y también subteniente del Ejército. No quería contestar preguntas sobre la desaparición de su hermana Rose Marie, ni de su cuñado, ni de la nana de estos. Decía que venía de un «planeta blanco» y que debían decirle un número y según eso dejaría entrar a los uniformados a la casa.
Tras obligarlo a balazos se pudo romper la cerca. A 500 metros del lugar, fue encontrado el auto del abogado, con su mujer en el asiento del copiloto y la nana atrás. Ambas con el cinturón de seguridad aún puesto. Él estaba semi recostado y todos tenían impactos de bala. La imagen de una pequeña virgen presidía el automóvil. También una flor que quedó en el vidrio delantero.
En el terreno donde ocurrió el triple homicidio ahora sólo habitan dos perros. Uno encerrado en el living del hogar, donde la figura de un ángel adorna la entrada. Pero también quedó un misterio abierto. En los faldeos del cerro, a pocos metros de la casa y frente a una virgen, dos palas descansan sobre la tierra. Un hoyo bajo un árbol está a medio hacer. Junto a él, un casquillo de bala.
«Estamos indagando esa información», admitió el fiscal Cristián Cáceres, quien confirmó que en el patio se encontraron restos de sangre. Pero hasta ayer nadie pudo preguntarle a Danny por qué decidió construir la fosa y qué pasó el día del crimen. El hombre sigue inconsciente y hasta que no se recupere no podrá ser formalizado.
Exámenes psiquiátricos
La noche de la detención de Danny la PDI intentó dialogar con él por más de dos horas. Pero resultó imposible. «Cuando le preguntamos por la familia dijo que no los veía hacía dos semanas. Siembre estuvo con un revólver empuñado. Se iba y después decía los tengo locos «, recordó ayer el subcomisario Claudio Alarcón, de la Brigada de Homicidios de la PDI. Por eso la Fiscalía Occidente ordenó exámenes psquiárticos. «De conformidad a esas pericias se va a evaluar si el imputado es finalmente imputable», dijo el fiscal, quien ayer tomó declaración a la hija de la nana, al padre de Danny y al hijo de Raúl Santa María.
Lo que dejó establecido ayer el Servicio Médico Legal es que la autopsia confirmó que el abogado murió producto de varios impactos de bala en el tórax. Su mujer recibió un proyectil mortal. Isabel Méndez, también herida, murió por anemia.
Isabel Méndez «vivía para esa guagüita», dice su sobrino
Nana había sido abuela hace un mes
JUAN MORALES
Isabel Méndez Arancibia trabajaba como nana para el matrimonio Santa María-Dávalos hace dos años. Era oriunda de Parral, pero hacía varios años que vivía en Puente Alto junto a su marido, Gastón Salinas, de 71 años, y sus dos hijas, Carolina de 24 y Helena de 20 años. Apenas un mes atrás la mayor le dio su primer nieto.
«Estaba muy feliz, vivía y trabajaba para esa guagüita», dice su sobrino Patricio Navarrete mientras viaja de Parral a Santiago. «Mi tía era una mujer espectacular. Para ella su familia lo era todo. Nosotros estamos devastados. Mi tío (Gastón), que es diabético, cuando supo de esto, le dio una subida de azúcar y lo tuvieron que internar. Mis primas no pueden estar peor. Esto es horroroso».
Patricio cuenta que sus primas buscaban a su madre desde el sábado, que fue el último día que tuvieron noticias de ella. «La tía Isabel llamaba a cada rato y fue muy extraño que de pronto no se tuvieran noticias de ella. Mis primas incluso subieron una foto de ella a Facebook que pudimos ver el lunes. Del crimen nos enteramos por la prensa».
Las hijas de Isabel Arancibia declinaron hacer algún comentario porque dijeron no estar en condiciones de hacerlo.


