Enfrentó duelos, se fue al sur y hoy enseña patinaje: así es la nueva vida de Matilde Bonasera

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La exmodelo argentina, recordado rostro de programas de espectáculos, vive hoy en Los Ángeles, Región del Biobío

La también madre de un niño de seis, encaró la muerte de su mamá y su pareja. Tras eso, se dedicó a ser profesora de patinaje y pudo reencontrarse con el amor. Siempre hay que tener fe, advierte.

Durante los últimos cinco años, Matilde Bonasera (35) ha enfrentado un periodo de grandes cambios y durísimas pérdidas, de esas que más que superarse sólo se terminan aceptando. La exmodelo argentina y rostro de programas televisivos de espectáculos hace más de una década, soportó en noviembre de 2019 el fallecimiento de Elizabeth Grinspan, su madre, a causa de un cáncer de páncreas. Poco después otra tragedia la remeció: en abril de 2021, producto de un accidente de tránsito, murió Claudio Acevedo, su pareja, con quien había firmado el acuerdo de unión civil.

«Todo lo que viví fue complicado, en ese tiempo sólo me refugié en mi hijo (Kilian, hoy de 6 años) y en tratar de salir adelante», reconoce ella sobre la desaparición de su expareja, que la pilló viviendo en Iquique. «Fue fuerte, dos semanas antes, más encima, había fallecido mi padrastro. Imagínate, cómo estaba. Entonces, tenía dos opciones: echarme a llorar en la cama o seguir. Y bueno, tragué y continué».

Matilde sostiene que en ese periodo se acercó mucho a Dios y que se proyectó en tratar de pasar las penas a punta de esperanza. «En mi caso, la fe me ayudó mucho. Estaba pasando un periodo bastante triste en la vida, traté de darle la vuelta y de a poco se fue dando», agrega.

En medio de ese trance, siempre en la capital de la Región de Tarapacá, Matilde se reencontró casualmente con una cara conocida: era el entrenador que tuvo en Argentina cuando hizo patinaje artístico. «Yo fui deportista desde los 9 hasta casi los 20, amaba el patinaje y mi profesor me ofreció hacer clases para distraerme», comenta.

Al poco tiempo, según indica Matilde, las clases se fueron convirtiendo en una especie de terapia contra el dolor. Además de reconectarse con el deporte que alguna vez amó, su gusto por la enseñanza comenzó a crecer. «Me di cuenta de lo mucho que me gustaba el patinaje y lo mucho que me gustaba acompañar a niñas en la práctica de la disciplina. Mi entrenador entonces me recomendó dedicarme a enseñar», confiesa. Y le hizo caso.

Matilde se expresa: «Siento que me equivoqué toda mi vida con los trabajos que hice. Este es mi trabajo. Lo amo, me gusta enseñar, amo trabajar con niñas. A pesar de que hago un gran esfuerzo con mi hijo (tiene un trastorno de espectro autista), amo estar con mis niñas patinadoras. A todas les tengo mucho cariño».

Con esa nueva labor, dejó Iquique para instalarse en junio de 2022 en el sur del país. Se radicó en Los Ángeles, Región del Biobío, para trabajar en un club deportivo. Posteriormente consiguió el puesto que mantiene hasta ahora: es profesora de patinaje y hace talleres para la Municipalidad de Mulchén, donde tiene 62 niñas a su cargo.

«Actualmente estoy pasando un buen momento», reconoce ella, contenta. «Los Ángeles me ha hecho muy bien, he sacado una buena estadía acá. Es una ciudad pequeña, súper tranquila. No sé si voy a vivir siempre acá, pero estoy en calma. El sur además le ha hecho súper bien a mi hijo. No podría pedir nada más», suma.

El amor de pareja también volvió a aparecer en su vida. Junto al ingeniero en prevención de riesgos, Matías Araya, iniciaron una relación que hoy los tiene viviendo juntos en la sureña ciudad. «Es muy difícil volver a arriesgarse a querer después de vivir lo que me ha pasado, una se vuelve más temerosa. Pero surgió esto y estamos bien. La persona con la que estoy es tranquila. Nos complementamos mucho, porque yo estoy siempre a mil por hora, moviéndome para todos lados. Él es mi templanza y adora a mí hijo, lo que es súper importante para mí», establece.

¿Qué reflexión hace hoy con todo lo que le ha pasado?

«Creo que hay que aprender a aceptar lo que trae la vida y vivir esos momentos tal como son. Quizás llorar, desahogarse, pasarla mal cuando uno lo siente, pero nunca hay que olvidarse de seguir. Si hay que llorar, se llora, pero después hay que continuar. Yo la he pasado súper mal, pero todos lo pasan así de alguna manera, por distintas razones: la familia, la plata, el trabajo. Pienso que independiente de lo que pase, siempre hay que tener fe en el futuro y seguir, porque siempre hay posibilidades de estar bien».

¿Cómo se siente hoy?

«Hoy yo estoy bien, pero no sé si voy a estar así en un año o dos. La vida cambia rápidamente, hay que disfrutarla. También hay que entender que no se puede andar siempre feliz. El mundo no es perfecto, no es así. Para valorar las cosas de verdad, creo que hay tener claro eso».

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