El relato, escrito principalmente en primera persona, da cuenta con minuciosidad de momentos eróticos y afectivos de esta pareja de polos opuestos, donde queda bastante claro el lugar de la mujer cuando tras su primer encuentro motelesco ella aplaude el desempeño masculino. De aquí en adelante, se agradece que la novela huya ligeramente de este itinerario amorosiento para tomar un mejor rumbo. Martín, el protagonista, quien ha publicado un libro con cierta resonancia, se obsesiona con la obra literaria y biográfica de Néstor Señoret, un escritor chileno que vivió el exilio y que después de retornar al país vive en el absoluto anonimato. Martín gana una beca de investigación y dedica la mayor parte de su tiempo a recoger datos y leer la obra de este escritor de literatura fantástica que simboliza el talento, pero también el alto costo de mantener un bajo perfil.
En paralelo, Martín conoce a Nazzir, un importante empresario con capitales en Chile y Latinoamérica, además de destacado político. Nazzir le ofrece que le escriba una biografía para mejorar su imagen pública y Martín acepta. El mejor amigo del protagonista, Sandoval, será el encargado de contarle la real historia de Nazzir. Una historia que se remonta a su bisabuelo, que vendió armas tanto a Bolivia como a Paraguay en la Guerra del Chaco, hasta los vínculos de Nazzir con la dictadura chilena. Emerge así el tema de la culpa y la traición del propio narrador. La moralidad se transforma en un tema central, al igual que las complejidades de llevar una vida consecuente más allá de la precariedad económica que se tenga. Para más remate, Katie, la chica de zoquetes coloridos y jeans desteñidos con cloro, sorpresivamente abandona a Martín y pasarán cuatro años hasta que vuelvan a encontrarse.
Nostalgias y desdenes tiene visos eroticones blandengues que perturban la seriedad del tema tratado, en especial por lo estereotipado de los diálogos de la pareja y la configuración básica del personaje femenino. Su figura, aun cuando en mitad de la novela tiende a difuminarse, emerge hacia el final en plenitud, sentimentalizando la historia y solucionando el abandono con una anécdota de teleserie: un desenlace lacrimógeno que desgraciadamente confirma los problemas del comienzo en una novela que había logrado dialogar con la historia chilena, sobre todo la de los anónimos, que de una u otra forma se ven involucrados en la terrible disquisición entre venderse o arrendarse.
* Nostalgias y desdenes Fernando Jerez Simplemente Editores, 2009, 193 páginas.


