La Escuela Rural Blanchard, recibe a seis niños de la isla Coldita y otros sectores de Chiloé
La docente, que se encuentra con licencia médica, hizo una denuncia a fiscalía.
Isla Coldita no tiene calles pavimentadas ni vehículos. El transporte es en bote o a pie por bosque nativo. Se estima que allí viven menos de 100 personas, la mayoría pertenecientes a la comunidad indígena Huilliche. En esa remota isla, ubicada al sur de la ciudad de Quellón, sólo hay algunas viviendas, pero hay dos construcciones que destacan: la Casa Francisca del arquitecto Mathias Klotz y la Escuela Rural Blanchard, que es sinónimo de orgullo para sus habitantes.
Este miércoles la escuela, a la que asisten seis niños que cursan entre primero a sexto básico, cumple nueve días sin clases. La única profesora y encargada del establecimiento se encuentra con licencia médica otorgada por la Mutual de Seguridad, luego de que un apoderado la amenazara de muerte en dos oportunidades.
Todo partió el 29 de septiembre cuando el papá de una alumna fue a la escuela a pedir explicaciones porque su hija había llegado con moretones a la casa. Ahí habría ocurrido la primera amenaza. El segundo episodio ocurrió el 2 de octubre en una reunión de apoderados, en la que el hombre también amenazó a los otros papás presentes.
Están con ella
Karen Llancalahuen, apoderada y parte del centro de padres, asegura que los demás papás respaldan completamente a la profesora.
Si bien, asegura que nunca habían tenido un conflicto de esta magnitud, sí reconoce que tenían conocimiento de un hostigamiento de parte de la familia hacia la profesora desde el año pasado.
«Son conflictivos», afirma.
«Ella es una excelente profesora.
El año pasado pasó algo muy bonito. La escuela recibió paneles solares y una batería de parparte de la Fundación Te Apoyamos, de Andrónico Luksic, y desde ese momento los niños tienen energía eléctrica para usar los dispositivos que les ayudan en sus tareas diarias. Todo eso fue gracias a la profesora, porque ella fue la que postuló a este proyecto. Y el tema de los moretones fue en un contexto de convivencia escolar». Karen explica que la caída ocurrió en un espacio muy pequeño.
«La escuelita no tiene un patio para juegos ni gimnasio. La única opción que tienen es jugar en una sala que es multiuso, donde también está la biblioteca. Pasó que la niña saltó y no cayó arriba de una colchoneta y se golpeó la rodilla».
Además de todos los inconvenientes de no poder llevar a los niños al colegio, Karen cuenta que hay otras dos personas que están preocupadas porque no han podido trabajar: la manipuladora de alimentos y el encargado de la lancha que transporta a los niños a la escuela.
«Nosotros dejamos constancia a las autoridades que como papás no enviaríamos a nuestros hijos mientras ese caballero esté ahí, porque para nosotros no es un lugar seguro.
No los vamos a exponer a una situación de violencia», dice Karen.
Al lado
La profesora está hace tres años a cargo de la escuela y vive en un departamento aledaño. El problema, dice Karen, es que el apoderado que hizo las amenazas vive a 150 metros de la escuela, en el predio de al lado, y por eso están preocupados.
«Lo que más quiere la profesora es volver a hacer clases tranquila. Ya teníamos todo planeado para fin de año. Necesitamos saber si los niños van a poder terminar el año», pide la apoderada.
Desde el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Chiloé aseguraron que están en permanente comunicación con la docente y que la están acompañando en el proceso judicial, ya que interpuso una denuncia en la fiscalía. «Con respecto a la continuidad del servicio educativo, es importante señalar que se recuperarán todas las clases suspendidas con el fin de no afectar los procesos de aprendizaje de las niñas y niños de la escuela. SLEP Chiloé se encuentra en proceso de búsqueda de un profesor de reemplazo para el establecimiento, el cual ha presentado dificultades por la lejanía del sector, pero el proceso ya se encuentra en etapa de entrevistas y se están realizando los procesos con la mayor premura posible», explicaron en un comunicado.
«Venirse para acá no es fácil. Estamos a dos horas de Quellón, la ciudad más cercana. No es fácil llegar, puedes pasar todo el invierno encerrado por el clima. No hay agua potable. Es difícil que alguien acepte», dice Karen.


