La Municipalidad de Santiago la ayudó con la patente para vender sus productos en un local arrendado
La ilegalidad es peligrosa. En el barrio Meiggs hay grupos que les cobran entre $5.000 y $20.000 a los comerciantes por reservar los espacios en la calle.
En el barrio Meiggs el verdadero dueño de las calles no es un chileno comerciante, bueno para el negocio, ni un chino silencioso que vende réplicas de todo, sino un colombiano, sin sombra, a quien todos conocen como El Encarpador o simplemente como El Colombiano. No vende nada, salvo aire. Cuentan en el barrio que hace varios años se tomó las calles -todas- con el fin de arrendar ilegalmente el espacio público a los que a diario venden en los icónicos toldos azules que han llegado a colapsar la zona.
El negocio del encarpador es simple, pero millonario. Todas las tardes, más o menos a las 19 horas, alguien de su equipo se pasea por las calles del barrio Meiggs para cerrar los puestos de los famosos toldos azules y así no tengan que llevarse la mercadería a sus casas. Lo hace a través de un proceso que todos conocen como «encarpado», pero que no es más que cubrir los productos con un plástico más o menos grueso, que además de protección, garantiza la reserva del puesto para el día siguiente. Por todo lo anterior el encarpador cobra $5.000 diarios a cada toldo azul, dinero que retira los sábados, según lo agendado en su libreta. Quien no quiera «encarparse», simplemente no asegura su lugar.
Pero el encarpado no es el único negocio irregular en Meiggs. Cuentan en el barrio que muchos de los toldos azules no son los verdaderos dueños, sino que les arriendan el espacio, que por cierto es una práctica ilegal, a otros comerciantes. O sea, le pagan $5.000 al encarpador para que les asegure el puesto, pero además le arriendan ese lugar a otra persona por $20.000 diarios, aunque en estricto rigor la ganancia es muy superior porque la mayoría tiene más de un toldo azul.
Un ejemplo de lo anterior es una familia que trabaja solo en Navidad y que el resto del año le paga al encarpador para que reserve el espacio, y así puedan arrendar varios toldos a otras personas.
Salir del toldo
Hay al menos una persona que se aburrió de todo eso.
Nicol Vidal, de 30 años, es comerciante de Meiggs. Aprendió el oficio de su padre, quien fue un afamado vendedor de bisutería en varias galerías del barrio hasta que Nicol cumplió dos décadas y él decidió jubilarse de los negocios.
Como Nicol solo sabía vender y era lo que le gustaba, quiso perseverar con el arriendo de un local, pero no lo logró.
«Pasé ocho años de mi vida trabajando en un toldo azul», dice Nicol, quien con el apoyo de la Municipalidad de Santiago ahora logró dejar el comercio ambulante, arrendar un local y obtener la patente con la que vende ropa para niños y adultos.
¿Por qué tantos años en un toldo, Nicol?
«Yo sabía administrar, vender, llenar el libro de contabilidad, que ahora es todo digital, pero nadie quería arrendarme un puesto formal porque me pedían liquidaciones de sueldo, cotizaciones, aval y un montón de documentos que yo no tenía. Como necesitaba trabajar, opté por estar en la calle con un toldo azul».
¿Pensaste en vender por internet, Nicol?
«Sí, pero para eso requieres tener conocimiento porque hay que ser importadora. Eso requiere experiencia y manejo con proveedores en China, que yo no tengo. No es tan fácil».
¿Cómo era tu vida de toldo azul?
«Complicada. Cuando llovía, por ejemplo, quedaba toda la mercadería mojada e igual tenía que estar allí porque soy mamá. Pero era algo que sabía que tenía que dejar y me esforcé para eso. Muy toldo azul era, pero nunca quise aprovecharme».
¿Quiénes se aprovechan?
«Hay gente que no tiene intenciones de salir de ese espacio ni de regularizar su situación. No están ni ahí. Siempre digo que los toldos azules son igual que las tomas, se quieren apropiar de un lugar que no les pertenece. Claro, no son todos, porque muchos, al igual que yo, esperan salir de allí, pero son varios los que se aprovechan. Mucha gente, de hecho, tiene el dinero para arrendar, pero no todos los papeles y eso bajonea».
¿Cómo han sido estos días con local?
«No he ganado millones, pero me siento orgullosa. Hay días en que he vendido, por ejemplo, dos lucas, cinco lucas.
Aunque eso también es culpa de los toldos azules, que se ponen afuera de los locales y tapan la visión. Pero estoy entusiasmada. Con este local voy a poder acreditar renta y tener un historial que me va a permitir en un año más arrendar un local más grande para vender más ropa. Eso también me permitirá obtener subsidios, beneficios, en la municipalidad me están ayudando con todo».
«Siempre digo que los toldos son igual que las tomas»,Nicol Vidal


