Restos de animales revelan que Homo Sapiens tuvieron contacto con ellos hace 21.000 años
Las marcas dejadas por humanos presentan rastros morfológicos específicos, explica Mariano Del Papa, uno de los arqueólogos responsables del descubrimiento.
Los restos
La investigación comenzó con una exploración en las empinadas barrancas del río Reconquista, en Merlo, a solo 40 kilómetros del emblemático Obelisco bonaerense. El paleontólogo Guillermo Jofré encontró los restos fosilizados de animal. Tras recuperar y limpiar los restos, identificó un esqueleto parcial de gliptodonte, un animal acorazado del género Neoesclerocalyptus, un antiguo pariente de las mulitas o armadillos actuales, que se extinguió hace 10.000 años. Encontraron restos de la cola, sus vértebras y pelvis en buen estado de conservación. El animal pesaba 300 kilos. A pesar de su gran tamaño, los humanos de esa época decidieron cazarlo como fuente de alimento, lo que quedó registrado hasta hoy.
Poblamiento sudamericano
Hace menos de un año, un estudio publicado en «Science» mostró que hace unos 20.000 años, en América del Norte, ocurrieron ciertos eventos antes de lo que se creía, 7.000 años antes, para ser exactos. Ahora, en América del Sur, el estudio fue realizado por el arqueólogo Mariano Del Papa, junto con los investigadores Martín De Los Reyes, Daniel Poiré, Nicolás Rascovan, Guillermo Jofré y Miguel Delgado, ampliando el conocimiento sobre el poblamiento temprano en nuestro continente (lo puede revisar aquí https://goo.su/MDwGMCd).
El protagonista
Uno de los investigadores que participó en el hallazgo, Mariano Del Papa, licenciado en Antropología, especializado en Arqueología y doctor en Ciencias Naturales de la UNLP, cuenta que el investigador autodidacta Guillermo Jofré le envió a él y a otro de los autores, Martín de los Reyes, unas fotos de lo que había encontrado en el fangoso terreno de Merlo. La idea era que las vieran y opinaran. A primera vista, pensó que podían ser marcas de actividad humana. Decidieron acercarse hasta el Museo de Merlo, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de La Plata, y revisar las marcas para saber qué las había provocado.
¿Qué métodos usaron para detectar que las marcas de corte no eran de animales carnívoros o roedores?
«Tuvimos que investigar cuál fue el agente, natural o antrópico, que produjo estas marcas. Consideramos diferentes tipos de agentes, como los carnívoros que dejan la impronta de sus dientes cuando mastican los huesos, o si fue el pisoteo de algún animal. Imaginamos animales de megafauna que podrían haber pisado este cadáver y dejado marcas, y otro tipo de evidencia. Con los posteriores análisis consideramos una cosa fundamental: las marcas de corte producidas por la actividad humana dejan rastros morfológicos específicos, ya identificados en la literatura arqueológica, que nosotros pudimos reconocer en estos especímenes».
¿Cómo se calculó la antigüedad de los restos?
«Los enviamos a un laboratorio en Francia para realizar la datación por radiocarbono, y los resultados mostraron una antigüedad de 21.000 años. Las marcas de corte tienen ciertos atributos morfológicos que registramos uno por uno en las 32 marcas encontradas. Realizamos una serie de análisis estadísticos comparativos con mediciones realizadas por otros investigadores en publicaciones donde muestran, mediante análisis experimental, cómo al utilizar hueso fresco y herramientas líticas, similares a las usadas por estos cazadores-recolectores, se producen marcas que medimos y compararon con las nuestras».
¿Cómo se comparan estos hallazgos con otros registros antiguos en Sudamérica?
«En el contexto de las discusiones en la arqueología de América, fundamentalmente sobre el poblamiento de América, se ha concluido que la ruta de poblamiento está bastante acordada entre los investigadores. Los seres humanos, Homo sapiens, poblaron América desde el noreste de Asia, por Siberia, cruzando el estrecho de Bering hacia Alaska, América del Norte y finalmente hasta Tierra del Fuego».


