Nathy convive con brillo con su estudiada informalidad.
Me dolió en el alma saber que Nathalie Nicloux no seguía en «El Club de la Comedia». Una pérdida total. Entre tanto feo con aires de chistoso, verla a ella, regia como pocas en nuestra TV, era un oasis visual. Morenaza y con mayúsculas. Guapísima.
Un buen amigo me comentó que Nathalie era lo más cercano que había visto a la mujer perfecta: hermosa y con un humor fino e hilarante. Una rareza, según él.
Y está claro que sus encantos se pueden considerar exóticos en las pantallas criollas. Es linda a cara limpia, sin caer en la exageración del estuco, tendencia a la que tanto se suscribe en TV. ¿Raro, no? Es bonita y no se cree el cuento. Sí, exótico.
Quizás sus genes franceses han hecho gran parte de ese glamour innato que brota a borbotones desde su interesante humanidad. Sí, en su morena estructura se respira sensualidad, estilo bohemio y un look sofisticadamente simple. Top.
De lo más que hay.
Coherencia tal, que la he visto con pelo largo y pelo corto y su esencia no cambia. Una sola línea, bonita.
Nathy sabe llevar su estudiada informalidad con brillo. Luce y luce bien, sin andar por la vida con pretensiones exageradas ni caer en la tontera de la exuberancia siliconada o el encanto de bisturí. Aunque no lo busque, llega a ser cautivante como el mejor de sus monólogos.
Nathy convive con brillo con su estudiada informalidad.


