Ayer merodeaba por Providencia tras una afiebrada búsqueda de celulares dotados de televisión digital y mi tímpano erecto captó el siguiente diálogo entre un pequeñín que no tendría más de 6 años y su curvilínea mamacita. «¡Mami, mami!, ¡esta calle se llama Antonio Varas!». «Sí, mi amorrrr», le respondió ella, absolutamente incapaz de quitarme los ojos de encima (ok, quizás exagero en eso), ante lo que el niño volvió a la carga, entusiasmado: «¿Y ese caballero es pariente de Edmundo Varas?».
El episodio revela claramente que el futbolista amateur que hizo famoso a Camila en Chile y triunfó en el primer «Amor ciego» y disfrutó del exótico premio de creer durante toda una semana que estaba pololeando con Cari Bastías, es una suerte de personalidad pública. Y como tal merece, al menos, algún tipo de consideración. Máxime si en los últimos meses ha hecho noticia exclusivamente por situaciones extratelevisivas que lo sitúan más bien en el plano de víctima que de victimario. Y eso nos amarra de manos al momento de juzgarlo: si efectivamente ha sufrido todo lo que nos asegura que ha sufrido es acreedor de toda nuestra compasión; si no, de nuestra más irrestricta admiración, por sus innegables dotes de actor innato.
Por su parte, Francoise Perrot, su flamante ex mujer, cuenta con el fuero inapelable de ser una madre primeriza. En cualquier país medianamente civilizado los resabios del estado de gracia que acaba de vivir bastarían para eximirla automáticamente de cualquier crítica.
Sin embargo, el trato que les ha dado a ambos la prensa televisiva ha distado notoriamente de ser el que corresponde para un tipo a estas alturas enfermo de los nervios con el mismo paparazzeo que lo volvía loco de placer hace dos años y para una mujer a la que él, aparentemente, le puso los cuernos. A ella le preguntan directamente en qué evento se referirá oficialmente a su ruptura matrimonial (y concedamos que ella contesta sorprendentemente radiante, como quien vive su mejor momento) y a él lo llaman a su celular mientras maneja su automóvil (incitando a que cometa una infracción de la ley del tránsito).
La única que ha mostrado algo de cordura en todo esto ha sido Claudia Varas, hermana de Edmundo, quien en sus pocas declaraciones se ha mostrado preocupada porque el contacto de Florencia, la niña de 4 meses producto de la relación entre Edmundo y Francoise, con sus tíos y abuelos paternos no se vea afectado a futuro por el quiebre.
Faltan sicólogos en la farándula, y no en la función de meros opinólogos, sino guiando a esta gente, que no por el hecho de aparecer en televisión una que otra vez sabe manejar sus vidas (con demasiada frecuencia la relación es inversamente proporcional).


