«Esta segunda vuelta en Perú ha sido una verdadera montaña rusa». Así describe Daniel Parodi Revoredo, analista político peruano, Doctor en Historia de la Universidad del País Vasco y de la Universidad de Valladolid, los resultados, hasta la tarde de este lunes, de la segunda vuelta en Perú. En la noche del domingo Keiko Fujimori iba arriba, y en la tarde de este lunes Roberto Sánchez la superó. «Sánchez en este momento (15:30 de Chile) le saca 15 mil votos de ventaja, van 50,04% contra 49,95%, es decir, 8 millones 819 mil votos contra 8 millones 804 mil.
Estamos al 94,3% del total nacional. Pero eso no significa que el resultado esté definido, porque lo que viene a continuación va a mover esa diferencia en más de una dirección. Primero, Sánchez va a seguir subiendo, porque las regiones más alejadas y rurales del Perú, que son las que llegan al final del conteo, votan mayoritariamente por él. Es el Perú que no se siente representado por Lima, que resiente el abandono del Estado y que tiene en Sánchez la expresión de un voto de protesta. Pero después viene el empujón contrario: la votación del extranjero, que va a favorecer a Keiko Fujimori. Entonces Sánchez sube, Keiko recupera, y en esa última subida de Keiko está la clave. Por eso la figura de la montaña rusa».
Y según lo que falta por contar, ¿quién podría ganar?
«Esa es la pregunta que nadie puede responder con certeza todavía. Dentro del Perú quedan pocas actas, máximo 700 u 800, y la mayoría favorece a Sánchez: Cusco, Puno y otras regiones siguen contabilizando, y todas ellas son territorio sanchista. Pero las actas del extranjero son 2.543, un número bastante mayor a las que quedan dentro del país, y esas van a favor de Keiko. Y hay un tercer factor: las actas observadas o impugnadas, que son alrededor de 1.500 y que, al provenir mayoritariamente de Lima metropolitana, también favorecerían a Fujimori cuando se levanten las observaciones. En total, entre actas del extranjero e impugnadas, estamos hablando de alrededor de 4.000 actas. Eso es un volumen importante de votos que todavía no está en el conteo.
¿Con qué narrativa llegó cada uno a la segunda vuelta?
«Sánchez hizo una campaña inteligente, porque supo moderar su discurso en el momento preciso. En primera vuelta fue identitario y radical. Reivindicó al presidente Pedro Castillo, se puso literalmente su sombrero de paja para que la población lo identificara con él, y construyó su base electoral sobre el Perú rural y castillista. Fue algo más identitario que ideológico. Pero en segunda vuelta tomó prestado el discurso de sus aliados, en particular el de Alfonso López Chau, de Ahora Nación, que planteó recuperar el Estado para los ciudadanos y defender la democracia frente a lo que describió como un copamiento institucional por parte del fujimorismo. Sánchez abrazó ese discurso y se presentó no como un líder identitario sino como un defensor de una democracia asediada. Era un discurso mucho más digerible para el público que necesitaba obligatoriamente sumar, que son las clases medias que no forman parte de su base rural andina».
¿Y Keiko? ¿Cuál fue su narrativa?
«Keiko planteó el orden versus el caos. Con el gobierno de Pedro Castillo como telón de fondo, hay mucho temor sobre lo que podría hacer Sánchez como presidente, más aún con la figura del nacionalista Antauro Humala merodeándolo. Frente a ese temor, Keiko se presentó como la candidata que garantiza el orden político, económico, y en materia de seguridad frente a la violencia cotidiana. Y es ahí donde articuló su discurso con la figura de su padre; la narrativa de que, así como su padre derrotó el terrorismo, ella podría derrotar a las bandas criminales, al sicariato y a la extorsión. Fueron dos discursos bien distintos, pero ambos planteados con inteligencia.
¿Qué se puede esperar respecto a Chile según gane uno u otro candidato?
«En el caso de Roberto Sánchez, él se ha deslindado de Antauro Humala, nacionalista feroz, que tiene una postura extrema sobre Chile (habló de recuperar Tacna y Arica mediante una guerra). Ese deslinde estuvo muy bien, porque Humala no solo ha generado preocupación respecto a Chile, sino que encabezó un levantamiento donde murieron varios policías y es una figura a la que se la ha vinculado a acciones de sedición. Sánchez, al aliarse en segunda vuelta con Alfonso López Chau y Ricardo Belmont, no representa ningún problema respecto a Chile. Ahora, es verdad que un gobierno de Sánchez sería distinto a un gobierno de José Antonio Kast, pero no sería la primera vez que hemos tenido gobiernos de distintas tendencias. Con Keiko es mucho menos problemático respecto a Chile, porque además de estar más en sintonía con José Antonio Kast, es una mujer del liberalismo económico, más de finanzas. El fujimorismo nunca ha expresado posturas nacionalistas. Más bien, con el padre, Fujimori, en 1999, con el Acta de Lima, se terminó de cumplir los resultados del Tratado de Lima de 1929 con Chile».