Pero se aguó la fiesta: Cristián Rojas fue declarado culpable del mortal asalto a estudiante que protegió su tesis
Todos en la población lo estaban esperando y estaban invitados, se lamentó el padre del condenado. Ahora el muchacho de 22 años arriesga 20 años de cárcel.
Llegó relajado, sonriente y saludando a sus familiares sin que las esposas que llevaba puestas ni la compañía de los gendarmes le incomodara. Esa fue la actitud con la que Cristián Rojas apareció en el Séptimo Tribunal Oral de Santiago, donde debía escuchar el veredicto de los jueces. Al parecer, no tenía dudas de que el tribunal creería su versión, esa en la que negaba ser quien asaltó y apuñaló mortalmente al estudiante Rubén Paillamilla cuando este salía de su último día de práctica en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica.
El caso era tan discutido que cuando comenzó el juicio en octubre el tribunal detuvo el proceso para despedir al defensor privado, porque no estaba ejerciendo de buena manera. Por eso el juicio volvió a empezar de cero el pasado martes y los defensores públicos Claudio Aspe y Francisco Muñoz pidieron la absolución de Rojas evidenciando un vital problema numérico: era imposible que Cristián, de 22 años, hubiese asesinado al estudiante de bibliotecología que se negó a entregar la mochila donde llevaba la tesis.
El punto era que Rojas, un afamado hincha de Colo Colo conocido como El Volado, medía un metro con 47 centímetros y la amiga que acompañaba a Paillamilla la noche del crimen dijo que fueron atacados por dos sujetos: uno de un metro setenta y otro más bajo, con chasquilla y una altura de 1 metro 64 centímetros. En el mejor de los casos, eran casi 20 centímetros los que distanciaban a Rojas de la escena del crimen. A eso se sumaba que nunca se encontró al segundo asaltante y que Rojas decía tener un problema muscular que le impedía estirar los brazos.
Así las cosas, ayer la familia de Rojas contaba con que el muchacho sería liberado y hasta tenían lista la celebración. Pero la jueza Gloria Chacón se encargó de aguarles la fiesta.
Cristián Rojas fue declarado culpable unánimemente porque los jueces dieron total validez al testimonio de la amiga de Paillamilla, quien en el juicio reconoció a Rojas como el agresor. Además, un estudio de ADN, como buenos alumnos de «C.S.I.», ubicaba al acusado cerca del crimen.
El ahora culpable no la podía creer. Se tapó la cara, miró al suelo, se puso a llorar, lanzó un par de improperios en voz baja. Sus defensores debieron calmarlo. Mientras la Fiscalía Oriente y Mauricio Jara, el abogado de la familia de Rubén, insistían en pedir 20 años de cárcel para Rojas.
A la salida del tribunal los familiares de Cristián lloraron a gritos. «Tenía el asado listo, me dejaron con la carne comprada. Todos en la población lo estaban esperando y estaban invitados», lamentó Juan, el padre del culpable, antes de pedir un nuevo juicio para su hijo.
Abogado apelará
La exótica prueba de ADN que consideró el tribunal
Entre las evidencias que consideró el tribunal se estimó un peritaje de ADN sobre una navaja encontrada a 60 metros del lugar del crimen. Esta no fue la utilizada contra la víctima, pero apareció una singular coincidencia.
«Permite ubicar en el sitio del suceso al acusado, puesto que el perfil genético encontrado en su hoja y correspondiente a un varón distinto al acusado y al occiso, comparte, con el perfil genético de Rojas nueve de quince marcadores genéticos, lo que no es común», dice el fallo, argumentando que no puede descartarse que cortara a un familiar de Cristián Rojas. El defensor Claudio Aspe alegó que «no hay ninguna explicación para considerar esta prueba» y anunció que estudiarán el fallo para pedir la nulidad.


