A los 35 años, Paula Ulloa fue diagnosticada de espondilitis anquilosante, una enfermedad degenerativa
La parakarateca se convirtió en la número uno del ranking mundial de la WKF (World Karate Federation), categoría silla K30.
«Me enteré por curiosidad». Así define Paula Ulloa (43) la forma en que supo que había subido al primer puesto en el ranking mundial de parakarate, en la categoría silla K30.
«Estábamos viendo una serie con mi marido, y de repente miré las redes sociales y vi que uno de mis compañeros, Cristian Reyes, había subido al número tres del mundo. Dije, qué genial, voy a ver cómo voy y cuando veo que soy número uno, reaccioné igual que el papá de Zidane (Yáñez)», comenta entre risas.
Paula, conoció el karate quizás por esas cosas azarosas que tiene la vida. Su marido Rafer Rivera, es su sensei y también árbitro internacional de la disciplina, y desde que lo conoció, la relación comenzó con él y con este deporte, hace casi 17 años, lo cual incluye un hijo en común, que también lo practica.
Sin embargo, nunca pensó que además esto le serviría como terapia para contrarrestar los efectos que genera en su cuerpo la espondilitis anquilosante, una enfermedad degenerativa progresiva que no tiene cura y que le produce dolores generales las 24 horas del día, enfermedad que le fue diagnosticada a los 35 años.
«En mi caso, la enfermedad comienza en la zona lumbar. Cada una de mis vértebras se soldan con otra y voy perdiendo movilidad. Eso provoca artritis, reumatoide, artrosis en todo el cuerpo y también problemas en el sistema respiratorio y digestivo. Si no fuera por el karate, yo no podría estar hablando como lo hago ahora. Por eso el karate para mí ha sido tan importante», explica la también profesora de educación básica.
Cuando su enfermedad comenzó a afectar su cuerpo de manera significativa, tuvo que dejar el karate, ya que necesitaba bastones para caminar y no podía practicar de la forma habitual. Sin embargo, su esposo poco a poco la animó a volver al tatami (superficie donde se practica y se compite en karate) donde practicaba con una silla común.
«De a poquito me fui moviendo. Empecé a practicar sentada en una silla común y corriente de cuatro patas, mi marido me puso en el tatami y empecé a mover los brazos de nuevo. Ahí pensé igual puedo hacer karate otras vez, porque empezamos a ver que se podía desde la silla de ruedas, entonces el siguiente paso era tener una», recuerda.
Esto la motivó de tal manera que comenzó a buscar una acorde a sus necesidades, encontrando el apoyo de una marca que se convirtió en su sponsor. Con esto ya no había excusas para entrenar.
Fue entonces cuando, al empezar a moverse con mayor facilidad, se dio cuenta del potencial que la silla de ruedas le ofrecía en el parakarate. Para ella, volver a experimentar esa movilidad que creyó perdida fue algo maravilloso ya que le abría las puertas al siguiente nivel: las competencias.Paula compite en la modalidad kata. «En parakarate solamente se compite en kata, que son las formas. Es como combatir con un rival invisible. Y el oponente va después. A cada uno lo evalúan siete jueces, tanto el aspecto atlético como la parte técnica. En mi caso la parte atlética es como yo manejo mi silla de ruedas y la parte técnica es el karate, la ejecución de sus movimientos».
En 2018 llegó su primer campeonato nacional, donde obtuvo la victoria, descubriendo así «ese bichito competitivo» como le llama. «En esa primera competencia gané y ahí como que descubrí a la Paula competidora, porque la Paula deportista de cierta forma siempre estuvo». recuerda.
Hoy, con la satisfacción de ser la número uno a nivel mundial y mientras se prepara para sus próxima competencias en mayo y junio, la deportista reflexiona sobre su carrera, reconociendo que siempre ha pensado que, «si uno no lucha por su sueño y no cree en lo que está haciendo, no va a llegar a ningún lado».


