La marca Soledad Onetto es independiente de su empleador de turno.
He aceptado solamente dos entrevistas televisivas. La primera fue a «Humanamente hablando» y me la hicieron a contraluz. En realidad se la hicieron a un amigo porque ése no era yo. Ahora puedo decirlo porque aunque la productora que se «consiguió» esa nota estaba casada con un colega muy querido del diario, ya vieron la luz y se separaron.
En la segunda entrevista sí era yo el que hablaba. Se la concedí a Soledad Onetto para el programa «Cara & sello». Fue en la elipse del Parque O'Higgins y la única condición era que el camarógrafo siempre se mantuviera a 20 metros de nosotros. Es que quería estar a solas con ella. Conocerla. De más está decir que lo nuestro no prosperó. La rubia matea tuvo su exclusiva y me botó como Canal 13 a Ballero, como un limón estrujado.
Recuerdo este episodio para reafirmar que Soledad no es cualquier rostro en nuestra televisión. Es alguien con la que se hace excepciones. Ha destacado por méritos propios primero en el área de espacios tecnológicos y luego como conductora central de «Teletrece», sitial al que habían llegado antes próceres como César Antonio Santis y Javier Miranda.
Fue la cabeza de la exitosa ofensiva docurreality del canal del empresarito (ex angelito) al conducir «Cásate conmigo». Animó en dos oportunidades el Festival de la Canción de Viña del Mar. La primera de ellas lo hizo sola (en la segunda su coanimador sacó la voz).
Como insigne «miembra» de nuestra elite mediática se permitió el lujo de bautizar a la primera autoridad de la República como «Presidente Piraña». Y hoy por hoy es reina absoluta de Twitter, con 354.917 seguidores al momento de escribir esta columna. Más de seis estadios nacionales llenos. Más incluso que los de @thereallarrymoe .
Ahora suena en TVN. Podría darse un trueque, ya que Monserrat Álvarez se vino al 13. No le va a faltar pega ni a nosotros paciencia para esperarla en otra pantalla.


