La verde ulva lactuca ha convertido en infierno a las idílicas playas nortinas
¡El olor es terrible y le va a pasar la cuenta al balneario y al turismo!, dice desde la III Región el veraneante Roberto Taito.
El viento sopla con fuerza en la espectacular Bahía Inglesa, Tercera Región, pero no logra disipar el penetrante olor a putrefacción de las idílicas playas de arenas blancas y aguas turquesas. La responsable de tal pestilencia es la ulva lactuca, un alga conocida como lechuga de mar.
Hacía 12 años que Roberto Taito había estado por última vez en Bahía Inglesa. El santiaguino viajó hace unos días al balneario para pasar el fin de año y tuvo un poco grato reencuentro con la playa.
«Uno no puede estar más de un minuto cerca de estas algas. El fin de semana pasado estaba en playa Blanca (en Bahía Inglesa) y había dos o tres personas. Estas algas flotan cerca de la orilla y son como velos verdes largos y a medida que la marea los va arrastrando se apelotonan, se descomponen y comienza el mal olor», relata Roberto.
-¿No se parecen al cochayuyo?
-No. Son verdes como una lechuga. Se desmembran muy fácilmente. ¡El olor es terrible y le va a pasar la cuenta al balneario y al turismo!
Los hoteleros huelen -¡cómo no!- la amenaza de la famosa alga, que más bien parece una hortaliza lánguida. «Tiene olor a alcantarillado, olor a podrido. Es desagradable. Algunos turistas me preguntan si está malo el alcantarillado. Acá todo lo atribuyen a fenómenos naturales. Yo, lo único que sé es que me llega el olor. Me gustaría que las personas que son responsables entreguen las respuestas», menciona Jaime Moreno, ex presidente de la Cámara de Turismo de la zona y dueño del hotel El Umbral de Bahía.
El director regional de Sernapesca, Néstor Lloyd, aclara que la ulva lactuca es originaria de las costas chilenas y que en verano crece mucho, por las altas temperaturas del agua y los días soleados, por ser una planta que se nutre de la luz.
«Si estas algas no son retiradas constantemente de las playas, comienzan a descomponerse y a emitir gases de olores muy fuertes. Hay que retirarlas mecánicamente. Las playas están concesionadas y los concesionarios tienen que recoger estas algas. Lamentablemente no hay desodorantes para esto», menciona Lloyd.
En la municipalidad de Caldera, a la que pertenece el balneario, aseguran que los concesionarios deberían extraer los hediondos cuerpos musgosos y que éstos se encuentran en algunos puntos como playa Blanca, playa Mansa, Las Piscinas y Calderilla.
En su escuela de buceo en Bahía Inglesa, el médico veterinario Carlos Paredes acota que «las algas crecen a mayor temperatura y en los últimos 20 días la temperatura del agua ha aumentado».
Gloria Bianchi administra los hoteles Blanco Encalada y Mirador en la zona y conversa con muchos visitantes. «A los turistas europeos no les molestan estos olores, todo lo contrario, buscan lo natural. A los chilenos les molestan las algas».
La inquietud de Srdjan Darrigrande
Capitán de puerto dice que municipio debe limpiar
El capitán del puerto de Caldera, Srdjan Darrigrande, dice que no solo las temperaturas influyen en la aparición de las algas, sino que debe de haber cierta contaminación de las aguas como desechos orgánicos.
«De alguna manera, la contaminación de aguas servidas puede contribuir a generar algas. Técnicamente no puedo decir si el cultivo de ostiones tiene que ver con la aparición de las algas. La institución que debe estar preocupada de la limpieza es el departamento de aseo y ornato de la municipalidad», acota el capitán, recordando que en la zona no hay un sistema de alcantarillado.


