Doctor Juan Vukusic lo convenció de fumar un cigarro y conversar
El especialista no quiso usar chaleco antibalas para protegerse. Hubiese sido demostrarle que no confiaba en él.
Al siquiatra Juan Vukusic ahora le dicen «El negociador» y él se ríe. «Todos me agarran para el leseo», cuenta. La tarde del jueves, la asistente social de Gendarmería de Punta Arenas lo llamó para pedirle ayuda. Un gendarme, en una de las casetas del muro de la cárcel de esa ciudad, disparaba al aire su subametralladora UZI y gritaba que se iba a matar.El médico partió en su auto a ver qué podía hacer y, cuando llegó, un carabinero le ofreció un chaleco antibalas. «No me pareció necesario. Hablarle con chaleco antibalas hubiese sido demostrarle que no confiaba en él», explica.
Llegó al muro y a unos cinco metros de altura estaba la caseta donde José Manuel Alcarruz Prado, de 25 años, mantenía a raya a quien quisiera acercársele.
«Tenía una actitud variable. De pronto estaba más cercano, entendiendo que la situación en que estaba era tremendamente delicada y que iba a tener muchas consecuencias, y en otros momentos expresaba su molestia por los motivos que lo habían llevado a hacer esto», recuerda Vukusic.
Alcarruz alegaba que estaba cansado de los turnos de vigilancia en las casetas, noche y día, cara a cara con el frío, y aseguraba que gente que llevaba mucho menos tiempo que él en la cárcel ya no cumplía esa labor.
Luego de varios minutos de conversación, el gendarme bajó del muro y sus compañeros lo abrazaron porque, de alguna manera, se había sacrificado por todos. «Se estableció un acuerdo que implicaba que él se iba a ir al hospital y que se iban a revisar los turnos», cuenta Vukusic.
Luego de fumarse un cigarrillo, Alcarruz se subió al auto del doctor, con rumbo al hospital. «Estaba un poco choqueado, disociado. Creo que estaba medio congelado, también», dice el doctor.


