Este meteorito perteneció a un cuerpo celeste, del porte de la Luna, que orbitó el sistema solar

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El NWA 12774 cayó en el desierto del Sahara

Según investigador, el hallazgo apunta aun camino evolutivo distinto en la formación planetaria temprana de nuestro sistema solar.

«Hay muchos meteoritos guardados en cajones que no se han estudiado a fondo, por lo que probablemente existieron más protoplanetas que desconocemos». La inquietante, pero también esperanzadora frase la dijo Aaron Bell, profesor asistente de investigación en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Colorado Boulder. El motivo fue el hallazgo, en un cajón, de parte de un meteorito a partir del cual un equipo de científicos logró reconstruir la historia de un mundo que dejó de existir hace miles de millones de años.

El fragmento cayó en el desierto del Sahara, en el noroeste de África, y fue bautizado como NWA 12774, según informó Space.com, que precisó que la roca fue hallada en 2019. Pertenece a un grupo extremadamente raro de meteoritos llamados angritas, de los que existen menos de 70 ejemplares conocidos entre los aproximadamente 80.000 meteoritos catalogados en la Tierra.

A partir del análisis químico, el equipo de Bell concluyó que se trata de un resto de un protoplaneta, es decir, un embrión de planeta que orbitó al Sol cuando este aún era joven, antes de ser destruido en una colisión catastrófica con otro cuerpo celeste. Francois Tissot, geoquímico del Instituto Tecnológico de California que no participó del estudio, dijo a «Scientific American» que se trata de una escala de formación extremadamente rápida, ya que un cuerpo del tamaño de la Luna se habría formado en solo cuatro millones de años desde el origen del sistema solar.

Según los cálculos del equipo, ese mundo perdido habría tenido un radio de al menos 1.800 kilómetros, comparable al de la Luna, que mide 1.737 kilómetros, y que incluso podría acercarse a la escala de Marte, cuyo radio es de 3.300 kilómetros.

El protoplaneta orbitaba el Sol en los primeros millones de años del sistema solar, en la misma región donde más tarde se formarían los planetas rocosos que hoy conocemos, entre ellos la Tierra.

Sin embargo, su composición era radicalmente distinta a la de nuestro planeta o a la de Marte. Las angritas contienen muy poco dióxido de silicio, un ingrediente clave en casi todos los planetas terrestres conocidos, lo que llevó a los científicos a asumir que provenían de pequeños asteroides con radios inferiores a 200 kilómetros.

El hallazgo permite concluir que no todos los cuerpos rocosos del sistema solar se formaron de la misma manera. «Los materiales que formaron el cuerpo progenitor angrítico son fundamentalmente diferentes de los componentes de la Tierra y Marte. Esto apunta a un camino evolutivo distinto en la formación planetaria temprana de nuestro sistema solar», señaló Bell.

La clave para esta conclusión fue la presión extrema detectada en el meteorito. Al examinarlo, Bell y sus colegas identificaron clinopiroxeno, un mineral común en la corteza y el manto terrestres que, según informó «ScienceDaily», presentaba niveles excepcionalmente altos de aluminio, señal de que se formó bajo una presión muy superior a la esperada.

El equipo diseñó su propio geobarómetro, que tardó cerca de un año en validarse. El mineral necesitó al menos 17,5 kilobares de presión para formarse, más de 15 veces la presión del punto más profundo de los océanos terrestres.

Esa presión llevó al equipo a estimar que el cuerpo de origen debió tener un radio mínimo de 1.000 kilómetros, cifra que ajustaron al alza al notar que los cristales conservaban bordes afilados, detalle que se habría borrado de formarse a mayor profundidad, lo que apunta a un cuerpo de hasta 1.800 kilómetros de radio.

Sobre el destino final de este mundo, los científicos no tienen certeza. Bell plantea que pudo ser destruido en una colisión, y que sus fragmentos se incorporaron a planetas como la Tierra. William Bottke, científico planetario del Instituto de Investigación del Suroeste, planteó a «Scientific American» una hipótesis alternativa. Que los fragmentos se dispersaron en el cinturón de asteroides para luego caer a la Tierra como angritas a lo largo de los eones (los eones son lapsos de tiempo de duración extremadamente larga o indefinida).

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