Comisión Nacional de Riego detectó serios problemas en infraestructura de Coquimbo al Maule
Resolver los problemas solo con embalses es imposible en términos técnicos, legales, ambientales y económicos, dice especialista que apunta a las obras menores.
El caudal del río Illapel cayó hasta 76% en las últimas dos décadas y, en los canales sin revestir de la cuenca del Choapa, la infiltración se lleva hasta 52% del agua conducida. Son cifras del diagnóstico que la Comisión Nacional de Riego (CNR) ha levantado entre Coquimbo y el Maule, en estudios distintos que retratan dos frentes críticos: menos agua disponible y una red de canales con obras en riesgo de colapso.
En Valparaíso y la Región Metropolitana, un estudio concluido en 2023 identificó 436 obras críticas en 68 canales matrices; 20% requiere intervención urgente y los puntos más vulnerables son las zonas de posibles derrumbes y las canoas en mal estado. Según una estimación de la CNR, un colapso comprometería la seguridad de riego de más de 149.000 hectáreas.
Más al sur, un estudio de la entidad sobre La Región de OHiggins y del Maule, en canales de los ríos Rapel, Mataquito y Maule, catastró 170 obras críticas. La mitad presenta un impacto de colapso alto o severo, lo que arriesga la productividad de más de 233.000 hectáreas. En el secano interior del Maule, además, se identificaron más de 1.900 km² con déficit estacional.
Respecto a la Región de Atacama, Julio Haberland, doctor en ingeniería agrícola y de biosistemas y profesor del Departamento de Ingeniería y Suelos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, señala que «curiosamente, pese a ser más seca, ha sobrellevado mejor la sequía, ya que posee más infraestructura entre los ríos Copiapó y Huasco, que son sus principales cauces, y además recibe parte del efecto del invierno altiplánico que le permite eventualmente tener un almacenamiento adicional».
Once embalses
El 25 de mayo, el Consejo de ministros de la CNR priorizó 16 grandes embalses para 2026-2030, la mayoría a cargo del MOP. Once están entre Coquimbo y el Maule, «con el objetivo de dar capacidad de acumulación, regulación y seguridad hídrica a las zonas más expuestas al estrés hídrico», señala la CNR. Suman 1.203 millones de m³ (HM³): Coquimbo considera un embalse, Valparaíso tres, OHiggins dos y Maule cinco (ver tabla).
El problema es el tiempo. Antes de construirse, estas obras deben pasar por prefactibilidad, factibilidad y diseño. De las once solo Las Palmas, en Valparaíso, está en construcción. Bollenar está en diseño y el resto sigue en factibilidad o prefactibilidad, varias aún en licitación. Para la CNR, acortar tramitación y estudios es «la única vía estructural para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad productiva frente al avance del cambio climático».
Las obras menores
Habitualmente, se piensa que la solución son embalses de dimensiones importantes. Pablo Silva, ingeniero civil y magíster en hidrología, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, plantea que también se debe mirar a las obras menores. Entre otras cosas porque la construcción de embalses es lenta, debe superar innumerables permisos y no siempre se ejecuta.
«Las obras menores de almacenamiento son una buena alternativa para mejorar la gestión de quienes están distribuyendo y utilizando el agua. Existen otras, como las recargas de los acuíferos. Hoy pretender resolver los problemas solo con embalses es imposible en términos técnicos, legales, ambientales y económicos. Está la oportunidad de implementar otras obras, mejorar la gestión, el monitoreo y aumentar las reservas», afirma.
Según explica Silva, el concepto de obra menor incluye a «tranques, piscinas u obras de infiltración, es decir, recargas de acuíferos, en general. Su capacidad depende mucho del proyecto. Por ejemplo, los tranques de riego, que no requieren tramitación ante la autoridad ambiental, siempre y cuando tengan menos de siete metros de altura y se ubiquen fuera de la quebrada, tienen una capacidad de hasta 150.000 m3. Una obra similar, usada para infiltración, podría tener esas dimensiones».
Silva señala que las ventajas de las obras menores radican en que «sus permisos son más simples de obtener, el costo es menor (que el de los embalses) y su posibilidad de adecuarlas a distintas realidades, ya que permiten múltiples ubicaciones posibles dentro de una cuenca, según lo que requiera el proyecto».
«Una cosa son las grandes obras que requieren de tiempos importantes, costos relevantes y de gestión ambiental, y otra son las obras menores, a disposición de privados o de organizaciones de usuarios. Ambas cosas no son excluyentes (todo lo contrario), tienen tiempos de respuesta y alcance diferentes», dice Silva.
Con todo, el rol de los embalses es insustituible y los especialistas coinciden en que el nuevo escenario que genera el cambio climático obliga a ponerlos como prioridad en la agenda de las obras públicas de los próximos años.
Según explican en la CNR, para el desarrollo de infraestructura de riego a gran escala, se evalúa y diagnostica al eficiencia y rehabilitación de la red extra predial, como revestimiento de canales, conservación de túneles y sifones, y disponibilidad hídrica. La otra vía es avanzar en el ciclo de vida de grandes obras de acumulación priorizadas por el Consejo de ministros de la CNR.
Julio Haberland, doctor en ingeniería agrícola y de biosistemas y profesor del Departamento de Ingeniería y Suelos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, plantea un tema clave en el desarrollo de las grandes obras. «La construcción de embalses no trae réditos en términos de popularidad para las autoridades. Son obras poco atractivas políticamente. En general, toda la red de distribución de agua de riego está en manos de privados. (Los embalses) son obras caras, sí, pero sale mucho más caro decir que la Región de Coquimbo deje de producir», opina.
«La construcción de embalses no trae réditos popularidad para las autoridades», Julio Haberland.
1.203 MILLONES DE M3 consideran los 11 embalses proyectados de Coquimbo a Maule.



