Fernando González habla de su intensa vida a los 43 años
El ex tenista explica que lo han llamado para entrenar a otros jugadores, pero ahora están primero los suyos.
Fernando González camina por el Club House UC de San Carlos de Apoquindo y llama la atención su delgadez. «Estoy ahora entrenando porque tengo un partido con el Nico Massú el 5 de abril («La gran revancha», en el Monticello), lo que me gusta mucho porque me obliga a practicar y siempre es muy rico», dice el ex tenista de 43 años, que se vio muy activo en el Chile Open. Firmó una montonera de autógrafos y regaló selfies en varias actividades con distintos auspiciadores. También estuvo en la presentación del libro de Jaime Fillol y apareció de entrevistador en el programa «El court del Movistar Chile Open», por TNT Sports.
El ex número cinco del mundo realizó sus charlas en el Village de San Carlos de Apoquindo, un espacio de recreación para los hinchas. «A mí me gusta el reconocimiento, pero no es algo que necesite. Creo que hay gente que deja la actividad, no solo en el deporte, y se decepciona mucho porque dicen que la gente te olvida. Y es obvio si uno no sigue jugando. En todo caso, hoy día es mucho más tranquilo», asegura el esposo de la ex hockista argentina Luciana Aymar.
Ahora en marzo retoma su rutina, que parte llevando a sus hijos Félix (4 años) y Lupe (2) al colegio en la mañana. Divide sus días entre reuniones, el trabajo en su escuela de tenis y también otras labores como ser subdirector del Instituto del Deporte y Bienestar de la Universidad Andrés Bello. «Ahora mi hija chica entra al jardín, mi hijo mayor ya iba y yo lo trataba de ir a dejar todos los días. Voy a mi club, estoy jugando mucho golf, a la hípica no estoy yendo tanto porque estoy con los niños y es mucho rato. Lo que estoy haciendo mucho son charlas, donde voy contando mis aprendizajes a través de los errores, de los aciertos, del trabajo en equipo, resiliencia, de la planificación», cuenta. Calcula que realiza más de veinte charlas al año.
¿Y entrenar? ¿Lo piensa hacer?
«Me encanta, me han llamado. Pero estoy en un momento familiar que pasa muy rápido, que es único y que no me lo quiero perder. El tema son los viajes. Mi prioridad es la familia. Pero me encanta la competencia y traspasar toda la información que fui recopilando por tanto tiempo».
¿Cambió algo desde que se casó?
«No, porque vivíamos juntos, teníamos hijos. Claro, lo pasamos súper bien en la fiesta. Es que después es lo mismo, el compromiso está y creo que el más fuerte son los hijos. Más allá de firmar un documento, que, claro, facilita para muchas cosas legales. Pero estamos felices. Yo por lo menos, no sé ella (ríe)».
¿Y cómo es como papá?
«Siempre trato de hacerles juegos, de tener algo en común. En la pandemia empecé a ver en YouTube a GG, Gustavo Gobos, un argentino, ahí me meto a los tutoriales y hago cuatro figuras con globos, no hago mucho más. Ellos miran. O me pongo la polera del Hombre Araña, de Peppa Pig. De hecho, mi señora siempre cuenta que la primera vez que salimos yo fui con una polera de Olaf (muñeco de nieve de la película «Frozen») porque estaba mi sobrina en Miami. Me encanta estar con los niños. Uno ve fotos de cuando eran guagua y piensa: qué rápido pasó el tiempo. Estamos en un momento en que me ven como superhéroe, después va a venir la etapa que nos van a empezar a ver las pifias, como toda relación padre-hijo».


