«Estoy orgulloso de mi papá, pero alguna vez quise cambiarme el apellido»

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Enzo Piero Caszely (42) escribe hoy su propio cuento en Colo Colo

El hijo de Carlos Caszely es subgerente de la rama femenina del Cacique y quiere volver a ganar la Libertadores.

Enzo Piero Caszely Guerra (42) nació en noviembre de 1982, meses después de que su afamado papá cometiera el «gran pecado» de perder un penal en el Mundial de España. Por eso es que, desde chico, tuvo que soportar burlas y, en más de una ocasión, agarrarse a combos para salvaguardar el honor familiar. «Quizás por eso que, desde chico, me gustó más el boxeo que el fútbol», dice.
El apellido, ¿le ha pesado mucho en su vida?
«Ha pesado, claro que sí. Caszely no es un apellido común. De hecho, hoy sólo tres hombres lo llevamos en Chile: mi papá, yo y mi hijo Bruno. Varias veces, cuando alguien me ha preguntado si soy algo de mi papá, he dicho que no, que es sólo un alcance de apellido (ríe), pero es algo que nadie cree».
 
Igual en algún momento debe haber sido molesto que todos le hagan referencia a su papá.
«Claro, yo estoy orgulloso de mi viejo, pero confieso que alguna vez quise cambiarme el apellido. Cuando ingresé a la Garra Blanca y nadie me cachaba, sólo dije que me llamaran Piero, a secas. Y pasé piola. Después, claro, supieron que era hijo de Carlos Caszely, pero ya fue anecdótico».
 
Debe ser incómodo también salir con su papá a un lugar público.
«Es que mi viejo siempre atiende a todo el mundo. Incluso cuando salimos a tomar un café o a comer, termina invitando a la mesa a mucha gente. Yo ya me acostumbré, aunque confieso que una vez me molesté con una persona porque se sentó justo cuando estaba hablando algo personal con mi papá. Le dije que se ubicara. Pero, en general, asumo que a mi papá le gusta tener contacto con la gente».
¿Sintió la presión de ser futbolista?
 
«Quise serlo, pero no se dio. Yo creo que era un buen jugador, puntero rápido y zurdo, pero simplemente no me alcanzó y listo, no hay drama. Siempre digo que no saqué el talento futbolístico de mi papá, pero sí saqué otras cosas: lo rebelde y lo contestatario».
¿Le frustró no ser futbolista?
«No. Y cuando la gente hoy me pregunta por qué no fui futbolista digo que me dediqué al ballet o a jugar golf (ríe).
 Tuve mis oportunidades, pero no se dieron las opciones. Entré a Colo Colo a la sub-8 y me quedé hasta la sub-11, cuando mi papá me sacó porque se agarró con un dirigente. Volví a los 15 años y estuve hasta los 18, cuando Hugo González me echó, estando en mi segundo año de la juvenil. Me fui a Unión Española donde estuve seis meses y después me fui a Inglaterra y lo pasé pésimo. Estuve en el equipo «primavera» de Southampton, pero no jugaba y en los entrenamientos me barrían a patadas. Tuve una pelea porque a los entrenadores no les gustaba que me pusiera a leer el diario después de los entrenamientos, así que me vine a Chile, me metí en la Garra Blanca y ahí fui feliz».
Pero dejó el fútbol.
«Es que eso no me duele, para nada. A mí en verdad no me gusta el fútbol. A mí me gusta Colo Colo».
¿Cómo logró permanecer en la actividad y en Colo Colo? ¿Ahí sí lo ayudó el apellido?
«No voy a negar que ser el hijo de Carlos Caszely abre las puertas en Colo Colo. Yo asumí a los 24 años que era un honor ser el hijo de él y que no tenía por qué ocultarlo. Pero yo hice mi propio camino. Soy profesor de educación física y administrador de empresas. He hecho cursos de postgrados en marketing, liderazgo y ahora quiero hacer uno de gestión deportiva.
¿Y cómo se integró al club?
«El año en que casi descendimos le entregué a Aníbal Mosa y a Harold Mayne-Nicholls un anteproyecto para el fútbol joven del club. Me dijeron que estaba bueno, pero, a los meses, ambos se fueron y asumió el bloque Vial en Blanco y Negro. Yo seguí insistiendo con mi anteproyecto hasta que Daniel Morón y Rodrigo Córdova me dijeron que por qué no presentaba un proyecto para el fútbol femenino, que es donde había mucho que hacer».
¿Y usted conocía el fútbol femenino?
«Creo que sólo había visto un partido de la Selección. Pero igual estando en la universidad me pidieron dirigir un equipo femenino con niñas del colegio Huelén y mi proyecto de título fue una revista, llamada Diosas, de fútbol femenino. Algo sabía, pero no mucho».
¿Le costó construir desde casi cero?
«Sí, claro. Cuando asumí justo me tocó un partido de definición de Colo Colo con el Chago Morning para clasificar a la Copa Libertadores y perdimos. Ahí, entonces, lo primero que hice fue una limpieza de camarín, un orden de la casa. Y en estos años hemos hecho hartos avances: estructuramos un plantel muy competitivo, ampliamos a 17 personas el staff técnico, tenemos series sub-14, sub-16 y sub-19, tenemos cancha de entrenamiento y jugamos en la cancha principal del Monumental. También damos premios por logros, por ganarle al archirrival y conseguimos becas de estudio. Somos tricampeones y tenemos el récord de público con ticket pagado en el fútbol femenino: 19.996 personas.
 
¿Y qué falta?
 

«Me quiero ir ganando de nuevo la Copa Libertadores y dejando a Colo Colo en la elite del fútbol femenino mundial. ¿En cuánto tiempo? Pronto. Un año o un año y medio. Lo logro y me voy».

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