Investigación de la U. San Sebastián aborda cambios sociales que activaron nuevos movimientos
Cuando la exConcertación comenzó a mostrar signos de debilitamiento, emergieron actores como el exPartido Progresista o Revolución Democrática, dice el cientista Marco Moreno.
En Chile hay unos 24 partidos políticos legalmente constituidos ante el Servel; una variedad de tiendas electorales que ha detonado una fragmentación en el sistema, algo técnico, pero no menor dado que esta situación incide letalmente en el funcionamiento del Congreso, en su capacidad de tomar decisiones, de ponerse de acuerdo y, finalmente, en su trabajo de resolver leyes para el bienestar de las personas. Con un recambio parlamentario ad portas, con las elecciones de este 16 de noviembre, en que cambiará la mitad del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados, el tema cobra relevancia una vez más.
Un estudio de la Universidad San Sebastián rastreó el comienzo de esta explosión de partidos políticos (algo que los analistas llaman atomización). Según la investigación esta situación impactó de manera distinta a la derecha que la izquierda y comenzó a hacerse evidente entre los años 2009 y 2010. Esta es la tesis del estudio «Evolución asimétrica del sistema de partidos de Chile: una examinación temporal a nivel de distrito», elaborado por el Laboratorio Democracia y Gobierno de la Universidad San Sebastián (USS).
Tres razones
«La fragmentación no comenzó únicamente en 2015, como ha sugerido consistentemente la literatura previa, sino que se manifestó antes, lo cual solo puede observarse al analizar datos a nivel desagregado. En segundo lugar, la fragmentación ha sido asimétrica, concentrándose con mayor intensidad en el espectro de la izquierda, donde emergieron más partidos competitivos. En tercer lugar, las reformas institucionales, si bien influyen, no explican por completo estas dinámicas, pues sus efectos se distribuyen de manera desigual entre los distintos sectores ideológicos», señala el escrito elaborado por Kenneth Bunker, en coautoría con Benjamín Valdés y Maximiliano Vargas, investigadores del Laboratorio Democracia y Gobierno de la USS.
Bunker precisa que la pregunta relevante es: «¿Por qué, cuando los partidos se fragmentan, los de izquierda se fragmentan más? Esto no lo habíamos observado. Primero, pensábamos que la atomización comenzó en 2015 y, segundo, teníamos la impresión de que era simétrica. Es decir, cuando surgían dos partidos nuevos, uno era de derecha y otro de izquierda. Al menos, así se daba por hecho».
Voto voluntario
El cientista político explica que la fragmentación partió al menos diez años antes, de forma subterránea, y que proviene de las elecciones de concejales, de los consejeros regionales, la eliminación de los senadores designados y la introducción del voto voluntario.
Otro punto esencial es el surgimiento de Marco Enríquez-Ominami en 2009, quien renunció al PS y se erigió como alternativa presidencial. «Su candidatura es efecto y causa, porque con ella se van abriendo espacios. Renunciaron también al PS Jorge Arrate y Alejandro Navarro, entre muchos otros, y se potenció el surgimiento del exPartido Progresista», detalla Bunker.
«Las reformas electorales, que aumentaron el número de escaños en el Congreso, fueron un incentivo directo para que nacieran más partidos, pero, por otra parte, la gente los estaba rechazando más, retrocediendo en términos de representación. Además de las demandas de las movilizaciones sociales de 2006 y 2011, y las reformas estructurales de la Presidenta Bachelet, solo faltaba una tormenta perfecta para prender el fuego: el estallido social de 2019», precisa Bunker.
Los antecedentes
Alrededor de 2010 comienzan a ocurrir cambios sociales, porque se evidencia un progreso que no se puede dejar de admitir, en comparación con el resto de América Latina.
«Por lo mismo, existe cierta autocomplacencia y, como respuesta, la izquierda siente que quizás hay más temas que se pueden comenzar a resolver, empezando a surgir demandas por nichos dentro de la sociedad que apuntan a aspectos diversos: No + AFP, Ciclistas Furiosos, No + Tag y Wallmapu, los que apuntan a resolver el problema de la vivienda, entre otros. No siempre se consolidan en partidos, a veces permanecen solo en movimientos. Sin embargo, cuando hay fragmentación política, se genera una especie de terreno fértil para que los partidos los representen formalmente», afirma Bunker.
Si en 2010, dice Bunker, se hubiese advertido la atomización, quizás se pudiese haber hecho algo, detalla Bunker. Parte de la explicación es que solo se estaban mirando los datos en relación a la cantidad de senadores y diputados, con los datos de las elecciones de 2017, pero no se estaban considerando los resultados en los comicios de alcaldes, concejales y consejeros regionales, en todo el país.
Demandas sociales
Según explica Marco Moreno, director del Centro de Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central, las demandas sociales y aquellas vinculadas a las minorías sexuales, el aborto y el medio ambiente, son recogidas por partidos vinculados al progresismo, no por la derecha. «Todas ellas se introdujeron dentro de la agenda por parte de movimientos que luego se transformaron en partidos, como el Frente Amplio, generando un fenómeno de dispersión».
Añade que «cuando la exConcertación, que era el bloque progresista, comenzó a mostrar signos de debilitamiento, emergieron actores como el exPartido Progresista (actual Patria Progresista) o Revolución Democrática (actual Frente Amplio), porque existían otras demandas que representar. Esos nuevos espacios fueron vistos como incentivos para convertirse en alternativas capaces de representarlas políticamente», señala Moreno.
Para Bunker, el problema es cuando se tienen demasiados partidos políticos, no se puede gobernar, ya que se genera una situación de paralización legislativa porque nunca pueden llegar a un acuerdo o cuando lo hacen, deben transar mucho.
Moreno concuerda: «La evidencia demuestra que la fragmentación de los sistemas de partidos tiende a debilitar la gobernabilidad, porque dificulta la formación de mayorías estables. Basta con pensar en la reciente caída de la exmandataria Dina Boluarte en Perú, en nueve años, han tenido siete presidentes. Tienen un sistema de partidos muy amplio, que representa distintas agendas, costándoles mucho los entendimientos. En el caso de Chile, 50 de los 155 diputados se declaran independiente». Sin embargo, la fragmentación también puede ser un síntoma de pluralismo y renovación democrática en un contexto en el que los partidos tradicionales pierden legitimidad. «Pero, para que sea virtuosa, tiene que haber reglas claras, como un umbral del 5% para entrar al Parlamento. Nada de eso tenemos hoy», advierte Moreno.


