Después del accidente, mi vida cambió, dijo la actriz, apuntando a la fuerte caída que sufrió en mayo
Neurólogos explican el alcance real de la lesión, sus síntomas y las posibilidades de recuperación.
La revelación de Evangeline Lilly sobre el daño cerebral que enfrenta tras un accidente sufrido en mayo de 2025, abrió una conversación poco habitual en Hollywood: la de las secuelas neurológicas profundas que pueden dejar una caída y un traumatismo craneoencefálico severo.
La actriz canadiense, conocida por la serie «Lost» y las películas del personaje Ant-Man, confirmó a través de su cuenta de Instagram que los exámenes médicos arrojaron una disminución del funcionamiento en «casi todas las áreas de su cerebro» y que fue diagnosticada con «daño cerebral permanente».
«Después del accidente, mi vida cambió para siempre. He tenido desmayos inexplicables desde que era niña», explicó.
Añadió que durante mucho tiempo esos episodios fueron normalizados o mal diagnosticados. «Aprendí a vivir con ellos, hasta que una caída grave contra una roca lo cambió todo», agregó.
Finalmente, reconoció que hoy enfrenta un proceso complejo de adaptación: «Estoy reaprendiendo a hacer cosas que antes daba por sentadas».
Agregó: «Ahora mi trabajo es llegar al fondo de esto con los médicos y luego embarcarme en el arduo trabajo de corregirlo».
Según explicó el neurólogo Pablo Salinas Carrizo, de Clínica Quilín Universidad de Chile, para que exista un compromiso tan amplio del cerebro «tiene que ser un traumatismo encefalocraniano severo, lo que quiere decir que fue un trauma muy grave».
En ese escenario, advierte que se trata de cuadros que pueden afectar de forma significativa la autonomía de la persona: «La descripción es de una persona que posiblemente puede estar dependiente de otros en las actividades de la vida diaria, por lo tanto, es algo súper grave».
El neurólogo detalla que un impacto facial de alta energía, como el descrito por la actriz al caer contra una roca, puede transmitir fuerza suficiente al interior del cráneo: «La energía se disipa y al hacerlo, daña las estructuras, sean las que están fuera del cráneo o lo que está dentro, que es el encéfalo».
Factores como la altura de la caída, la masa corporal y el ángulo del impacto son determinantes para dimensionar el daño real.
Desde Clínica Las Condes, la neuróloga Evelyn Benavides explica que, en estos casos, se produce un fenómeno conocido como «batido» cerebral.
«El cerebro se golpea con el cráneo y se producen daños, principalmente en los lóbulos frontales basales, lo que puede generar alteraciones del comportamiento, del lenguaje y, en algunos casos, crisis convulsivas», dice.
Ambos especialistas coinciden en que el concepto de «capacidad cerebral reducida» es amplio.
Salinas lo aclara: «Es un término súper inespecífico. Puede referirse a pérdida de función motora, cognitiva, de regulación emocional o a todas juntas».
Benavides complementa que en la vida diaria esto suele traducirse en «alteraciones de la memoria, de la organización de los actos, dificultades motoras y, en algunos casos, labilidad emocional».
Sobre la recuperación, la neuróloga señala que existe una ventana clave: «Es posible revertir daños principalmente dentro del primer año desde la lesión. Después, el trabajo se enfoca en la rehabilitación neurocognitiva, enseñando a otras áreas del cerebro a asumir funciones dañadas».
Sobre los desmayos que Lilly ha mencionado desde la infancia, Salinas advierte que antes de atribuirlos a una causa neurológica «hay que descartar completamente causas cardiovasculares».
En cuanto a si el daño actual es acumulativo o producto del accidente de 2025, ambos médicos son cautos: podría ser consecuencia directa del golpe o el resultado de microtraumas previos, algo que sólo una historia clínica detallada y exámenes de imagen pueden aclarar.


