Astrid Consentimiento Veas emigró a Puerto Morelos en 2023 con su esposo y dos hijos
Asegura que con el frío de Melipilla le costaba tejer y secar la ropa de sus pequeños: Necesitaba irme a un lugar con otro clima. En Chile estaba sumergida en una zona de confort.
En 2015, Astrid «Consentimiento» Veas llamó la atención desde el casting a «The voice» por sus vestimentas casi enteras de lana, que ella misma tejía, al igual que por su poderosa voz. Fue semifinalista de esa edición del programa en Canal 13 y en 2018 ganó dos Gaviotas de Plata como mejor intérprete y ganadora de la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar, pero en septiembre de 2023, la cantante decidió dejar Chile y emigrar con su marido y sus dos hijos a Puerto Morelos, una localidad mexicana entre los turísticos balnearios de Cancún y Playa del Carmen.
«Estaba viviendo en Melipilla durante la pandemia, viviendo seis meses en un lugar, después otros meses en otro.
Quedé embarazada en ese período, mi hija Ko, que significa agua en mapudungún, ya tiene cinco años, y a los cuatro meses de tenerla quedé esperando a mi hijo Rumi (3), que le puse así por el poeta. En Chile sentí que el frío estaba boicoteando mi vida, comencé a visualizar un lugar que fuera lo opuesto. Mi mayor complicación es que mis hijos jugaban mucho con agua, se embarraban, lo cual me parece hermoso, pero esa ropa tenía que lavarse así que estaba casi todo el día en eso y tratando que se secara. Me empezó a deprimir que mi vida estuviera marcada por la lavandería, además que también con el frío me dolían las manos y me costaba tejer. Necesitaba irme a un lugar con otro clima, y nos ayudó mucho ver los videos de Luisito Comunica y sus recorridos por esta zona y pensamos en Cancún», cuenta Astrid (@astridconsentimiento en Instagram).
¿Cómo llegó a Puerto Morelos?
«Es como un pueblito casi secreto y para mí es la joya del Caribe, es absolutamente tranquilo, es casi como estar en Melipilla pero con el mar Caribe. Como inicialmente llegamos a Cancún, yo averigüé que había una gran mafia con los taxistas, así que busqué primero un hotel a la orilla del mar para no tener que moverme mucho, y buscando los mejores precios, me moví de los lugares más turísticos así que el presupuesto me guió hasta un hotel en Puerto Morelos, y me gustó altiro porque no hay la locura que en otros lados. Eso sí, acá muchos hablan inglés. Pasamos meses muy solos viviendo en una casita que en la esquina tenía el mar, que parece un sueño que no pensamos lograr, pero nuestros vecinos eran extranjeros y no nos podíamos relacionar con nadie al principio».
¿En qué trabaja allá?
«En Chile con mi marido, Simón, ya teníamos un emprendimiento: una empresa de marketing digital, que nos daba para vivir y pensé que si podíamos vivir en Chile, podíamos hacerlo en cualquier lugar. Los primeros meses anduvimos bien, pero después nos relajamos y nos pilló la máquina de no estar adaptados a los precios que suben mucho en temporada alta. Entonces me tocó, con gusto, salir a cantar a las calles con mi parlante, mis trenzas y mis ropas de lana, como lo hice en Chile. Fui todos los días a un muelle, y acá hay mucho turista, mucho gringo, mucho canadiense, mucho francés además de la gente local. Así pude mostrar mi arte, que no lo hacía desde la pandemia. Con eso igual repuntamos, y después nos enfocamos con la empresa sólo a hacer páginas web, tenemos la premisa que entregamos en 24 horas y eso ha salido muy bien, y así hemos trabajado con locales acá y allá. Y ya tenemos contactos, tenemos una peguita igual que vamos con Simón a cantar, una vez a la semana, a un hotel de acá, cantamos clásicos en versiones caribeñas, y trato de meter mi música original, quiero que me escuchen como compositora. Mi meta no es quedarme cantando covers en un restaurante».
¿Allá les ha dicho que participó en «The voice» y que ganó en Viña?
«Pucha, yo soy mala para venderme pero lo he dicho. Acá hay un bar que la lleva y ahí voy a cantar para sus aniversarios, y cuando me presentan dicen que gané en Viña, saben de mis logros. Pero creo que en mi carrera me ha faltado un manager que me sepa vender».
¿Cómo es vivir allá?
«He aprendido a enamorarme de esta cultura, a la vez que también me he enamorado más de la tierra que dejé. Igual acá los mexicanos aman a los chilenos, por 31 Minutos y un montón de cosas. Acá todos los dulces los comen con (salsa) picante y ya me acostumbré, los encuentro deliciosos ahora. Como te dije, los precios suben: en temporada alta un arriendo se puede triplicar. Entonces hemos vivido a la orilla del mar, que es un sueño, en temporada baja, y después nos vamos a la zona de la colonia, que estamos como a siete minutos de la playa en taxi. Vivir acá superó mis expectativas, en Chile estaba sumergida en una zona de confort donde no lograba despabilar. Igual era un poquito conocida, recibía cariñitos de la gente, y acá nadie, entonces eso me hizo despertar. Acá comencé a componer de nuevo y puse mi cabeza en volver a la música, me habló Franco Simone (a quien conoció en «The voice»), con quien ya tenemos una canción y me habló para hacer otra».
Como es su tradición, Astrid para esta época graba villancicos y quiso hacer uno propio que sacó tocando su bajo: «Me puse a meditar en las luces de colores que me traen recuerdos de infancia. Comencé a conversar la letra con mis hijos y a componer con ellos, y salió Enciende el árbol de Navidad (https://acortar.link/O4ti8F), una canción muy linda y ellos no paran de cantarla, hasta cuando hacemos videollamadas con mi familia».


