Crecen treinta veces más rápido que los bosques terrestres, dijo Samantha Deane
Existen 12 mil tipos de algas, que cubren entre el 25 y el 30% de las zonas costeras del planeta. Hay rojas, verdes y pardas.
Las cifras las entregó la economista argentina Samantha Deane. Según ella, pese a su masiva presencia, la gente no valora como debería los 12 mil tipos de algas que cubren entre el 25 y el 30% de las zonas costeras en el planeta. Tampoco sabe distinguirlas, aunque entre una especie y otra existen «características tan diferenciadas como las que hay entre un elefante y un hongo».
Para empezar, contó que las algas están presentes en los jugos, pastas de diente, champú y cremas emulsionantes que consumimos a diario. «Previenen que lo sólido se separe de lo líquido», explicó durante la charla que realizó este jueves en el Congreso Futuro.
Esos son sus usos más básicos. «Pero además, las algas tienen un gran potencial para mitigar el cambio climático, incrementar la biodiversidad y descarbonizar un montón de industrias», aseguró.
Huiros pardos
La exposición de Samantha Dean, directora de Kel Foundation, se concentró en las algas pardas o huiros que se desarrollan de manera natural en las zonas rocosas. «Crecen treinta veces más rápido que los bosques terrestres», dijo.
Uno de ellos, conocido como huiro gigante o Macrocystis pyrifera, tiene un componente llamado algue que le permite desarrollarse erguido dentro del agua y luego flotar sobre la superficie. «Es el organismo que crece más rápido en el planeta: puede crecer 50 centímetros por día y llegar a los 100 metros de altura. Sus bosques proporcionan beneficios ecosistémicos gratis, pues secuestran carbono, el mismo que causa el calentamiento global, el cambio climático y la acidificación de los océanos».
Estos bosques marinos funcionan igual que los terrestres: usan la fotosíntesis para capturar el sol, el carbono y los nutrientes para crecer y formar su biomasa. «En este proceso ayudan a reciclar los excesos de nutrientes, como el nitrógeno y el fósforo disueltos en el agua que provienen del uso de fertilizantes sintéticos. Además, son especies fundacionales, crean hábitat 3D, permitiendo que entre 300 y 800 especies marinas puedan refugiarse ahí para tener sus crías».
Modelo de producción
A nivel mundial el cultivo de algas pardas alcanza 35 millones de toneladas, detalló. El 98% de esta producción se concentra en Asia.
La compañía holandesa Kelp Blue tiene su propio cultivo en Namibia, África. Los bosques de algas se localizan a diez km de la costa y 15 metros bajo la superficie del mar. «Durante la cosecha, que es cada cinco a seis meses, se extrae sólo el canopy, la parte que flota en el agua. Los restantes diez metros continúan ejerciendo sus beneficios ecosistemáticos», aseveró.
Del canopy, la compañía extrae «el componente bioactivo necesario para hacer un bioestimulante, que es una especie de fertilizante orgánico. Con el resto de la pulpa se está fabricando cuero».
Hay otras compañías a nivel mundial que están dedicadas a cultivar algas pardas. La empresa inglesa Notpla lo está haciendo para fabricar bioplásticos. Agoprene, en Noruega, crea bioespuma para muebles. La diseñadora británica Stella McCartney sólo utiliza telas confeccionadas con huiros para armar sus exclusivos diseños que luego muestra en las mejores pasarelas del mundo.
En Australia un grupo de científicos descubrió que las algas rojas disueltas en el alimento que consumen los vacunos permitirían reducir entre un 50 y 80% la cantidad de metano que eructan.
«Tenemos que crear y consumir más productos que demanden este tipo de algas que tienen una bajísima huella de carbono. Una buena noticia es que Chile tiene un grandísimo potencial con sus miles de kilómetros de costa, sus más de 500 especies diferentes y su agua fría y llena de nutrientes, gracias a la corriente de Humboldt», aseguró la expositora argentina.


