Su imagen portando una Uzi fue ícono del inicio de la transición
La exmilitante del Mapu-Lautaro quedó parapléjica tras el rescate del lautarista Marco Ariel Antonioletti.
El 18 de mayo de 1990 el diario La Cuarta publicó la foto de un asalto a la sucursal del Banco de Chile en Vicuña Mackenna con Porvenir: aparece una mujer saliendo con un bolso colgando del brazo derecho y portando una subametralladora Uzi, arma en ristre, pelo corto, lentes oscuros, jeans y con una actitud desafiante. Aquella cinematográfica performance del delito le valió el apodo de «Mujer Metralleta».
Marcela Rodríguez Valdivieso se transformó en un ícono de la violencia armada de los primeros años de la transición, tras la dictadura de Augusto Pinochet.
Según el medio digital El Porteño, la mujer falleció la noche de este viernes en Italia, donde vivía desde que en 2002 fue condenada a la pena de extrañamiento luego de participar en 1990 en el rescate del militante del Movimiento Juvenil Lautaro Marco Ariel Antonioletti, en el Hospital Sotero del Río, donde recibió un bala en su espalda que la dejó parapléjica.
Militante del grupo armado Mapu-Lautaro, Marcela Rodríguez «nació el 3 de marzo de 1953 en Santiago y creció en Villa Sur, una población obrera del sur de la capital. Su infancia estuvo marcada por el ejemplo familiar: su padre, antiguo dirigente sindical, le enseñó desde pequeña la historia del movimiento obrero chileno y mundial. En la escuela Alfonso Matte y luego en la Técnica Femenina N°3 de San Miguel, Marcela adquirió las herramientas que -como diría después- le permitieron interpretar el mundo», se describe en El Porteño.
Tras el triunfo del No en el plebiscito de 1988, Rodríguez siguió perteneciendo a aquellos grupos que mantuvieron la vía armada pese a que Chile ya transitaba hacia la democracia. «Marcela participó en las recuperaciones -acciones de expropiación- destinadas a financiar al movimiento y redistribuir recursos en las poblaciones. Pollos, juguetes, ropa interior, condones o incluso carne para el 18 de septiembre: el objetivo era aliviar las necesidades populares y politizar la solidaridad», describe El Porteño. Relato que coincide con los recuerdos de grupos de cercanos que expresaron condolencias vía Facebook.
En ese contexto se dio el asalto al Banco de Chile. En 2013 Rodríguez dio una entrevista al programa «Sin Retorno» de Mega, donde declaró: «La primera vez que usé un arma fue una metralleta. Nosotros empezamos sin armas. Fuimos a un banco, donde había un carabinero con una Uzi. Esa fue la primera arma que tuvimos. Una Uzi que se le quitó a un carabinero en un banco».
De su vida en Italia poco se sabe, solo que en más alguna ocasión dijo que no pensaba volver a Chile. Al llegar a ese país le dieron una visa por motivos de salud y un sindicato la apoyó económicamente, antes de intentar ingresar a Noruega, Suecia, Holanda, Bélgica y Francia, países que le negaron el asilo. En la península vivió en Abbiategrasso, cerca de Milán, donde pudo recibir tratamiento y una silla de ruedas que la acompañó hasta sus últimos días, de los que pasó dos semanas internada en un hospital producto de una neumonía que finalmente le costó la vida.
Al mismo programa de Mega confesó que vivía entonces en un pequeño departamento de un ambiente junto a su marido y una pensión de invalidez de $300.000. «Puede ser muy bonito este país, a mí me gusta mucho, pero yo estoy aquí obligada, si quiero irme a mi país no puedo, por lo tanto, en el fondo es una cárcel para mí», dijo.


