La serie, en Prime Video, tuvo un alentador inicio de la segunda temporada
La pandemia, vino, tatuó un amargo recuerdo en todos y se fue. Dejó marcas en series de televisión, películas, libros y muchos otros productos que apuntan al apocalipsis. Aún cuando ya existían antes, los estragos padecidos le otorgan una capa de amargo realismo y nos recordarán por largo rato la sensación de vivir con el miedo a perderlo todo de un día para otro.
Con una gracia única en aquel apartado, «Fallout», serie de Prime Video, destaca entre las producciones que tratan sobre el fin del mundo conocido. Acaba de lanzar su segunda temporada con un capítulo que conserva ese nutritivo charquicán de historias en que conviven el western áspero, un relato retrofuturista, el miedo atómico, conspiraciones y colmillos corporativos, con el candor de quienes han vivido ajenos a ese infierno y un humor más cáustico que lluvia ácida.
Su extraña liviandad descomprime el drama, a diferencia de lo que sucede con la atormentada fantasía bautizada «The last of us».
«Fallout» mezcla en una juguera los miedos norteamericanos del siglo XX y el resultado es un paisaje desolado. La ficción forma una extraña pareja que reinterpreta a grandes símbolos norteamericanos: la versión calcinada de Clint
Eastwood, un pistolero desilusionado y sin redención; junto a la impactada gemela de Dorothy, de «El mago de Oz».
De hecho, la primera temporada puede ser vista como el recorrido de Dorothy por el camino amarillo calcinado por las bombas atómicas, con extraños compañeros de ruta hasta conseguir ver qué hay tras el telón del mago.
Para la segunda temporada, se inicia un camino de vuelta. ¿Qué traerá consigo? El episodio debut demuestra que el tono burlón se mantiene, al tiempo que integra toda una trama sobre los intereses que llevaron a la trágica danza nuclear que se llevó por delante a buena parte de la humanidad.
Por el bien de la tele, ojalá «Fallout» no descarrile.


