Creó obras hiperrealistas sobre hamburguesas y papas fritas para el aniversario de Burger King
Las universidades están en deuda con los artistas, porque no les enseñan a poder vivir de su obra, opina.
El evento en Ñuñoa que conmemoró los 30 años de Burger King en Chile tuvo un momento inesperado. Felipe Riesco (33), pintor, estrenó cuatro cuadros hiperrealistas inspirados en la marca, sus papas fritas y whoppers.
Con estudios en academias de Florencia, Riesco se ha consagrado al estilo realista, que representa un desafío técnico significativo. «Es difícil. Implica trasladar un lenguaje tridimensional a un plano bidimensional», define. Él usa una técnica de veladura, similar a la empleada por Leonardo da Vinci, aplicando capas transparentes de pintura.
Este no es su primer acercamiento a una marca grande: «Siempre me gustó Andy Warhol, el que pintó las sopas Campbell. Yo hice la exposición Vicios, en la que pinté latas de Coca-Cola como una crítica a la sociedad de consumo, porque están aplastadas». Esa misma semana tuvo una reunión con una representante de la marca, que incluyó una visita guiada, y le ofrecieron otro proyecto colaborativo para destacar la sustentabilidad de la empresa.
¿Tomó ese proyecto?
«Estamos viendo. Encuentro interesante poder fomentar el arte y la cultura, que es lo que hacen algunas marcas. Es un proyecto largo, sería como una exposición grande».
Para el proyecto con Burger King a Riesco le encargaron cuatro cuadros cuya confección le tomó siete semanas. Se inspiró en una campaña de Warhol para esa misma marca, que apareció en el Super Bowl.
¿Qué ventaja tiene para un artista trabajar con marcas?
«Es una buena vitrina para promover el arte chileno desde otra perspectiva. Las universidades están en deuda con los artistas, porque no les enseñan a poder vivir de su obra. Enseñan como si el arte fuera una carrera complementaria, ¿cachai? Y eso no me gusta. Es una carrera que vale, es un trabajo que vale, igual que ser ingeniero o abogado. Hay que tratar de mostrar con el ejemplo que tu trabajo vale».
Suele pasar con las carreras humanistas.
«Es demasiado injusto que no te enseñen a vivir de tu trabajo, me da demasiada rabia. Hay una universidad en la que se salió la mitad de la generación porque no les enseñaron a pintar. Y hay otros artistas que salen de la universidad y no saben cómo vivir; finalmente sólo les enseñan a postular al Fondart. Es triste».
Las carreras artísticas suelen ser muy teóricas y no brindan salidas laborales.
«Si pagas cuatro años de carrera, no es una carrera complementaria. Está bien, puedes ser crítico de arte o galerista, pero también hay que tener respeto por el oficio. Hoy hablas con un alumno que recién salió, le preguntas a cuánto vende una obra y ni sabe cuánto vale su hora de trabajo. Yo tengo horario: llego acá a las 9 y me voy a las 5. Y si estoy con proyectos grandes, llego a las 9 y salgo a las 7».
¿Qué opinan sus colegas de trabajar con marcas? ¿Hay cierto recelo?
«Cuando uno se da cuenta de que no le puede gustar a todo el mundo, ya fija una línea. Es muy probable que haya gente a la que no le guste, pero yo lo veo como una misión de promover la pintura. Más que artista, me considero pintor, ¿ya? Cualquier persona se autodenomina artista sin siquiera haber estudiado la carrera ni cumplir ciertas horas de trabajo al día. Yo hago ese filtro. Yo tengo algo que me respalda como pintor; mi trabajo tiene harto concepto, pero llega a un público transversal, desde alguien que sabe mucho de técnica hasta una persona que lo ve sin saber nada».
Hay de todo.
«Una galerista muy importante, Ana María Stagno, me decía que lo que es bueno es bueno, transversalmente a su estilo, ¿cachai? Los buenos coleccionistas tienen arte conceptual, buen arte realista, buenos videos, buenos fotógrafos».
¿Cómo afecta a los artistas un contexto donde el trabajo manual se devalúa, con imágenes que se generan en segundos?
«En el mismo proyecto de Burger King hice algunas fotos con inteligencia artificial, fue complementario. Para la pintura la verdadera prueba de fuego fue cuando salió la foto, pero siempre va a estar el óleo porque transmite algo especial. Imagina que un Rembrandt cuesta 150 millones de dólares».
Híper real
Gonzalo Gac es socio de Retrovisión, marca que ha trabajado con varios artistas en sus 16 años de existencia.
Esa colaboración produce una sinergia, afirma: «Es también una acción de marketing, nos interesa colaborar con artistas para poder mostrarnos desde otras perspectivas». Para ser más atractivos en este mundo, opina que el artista debe tener una identidad y ser reconocible.
«Con nosotros es una colaboración con más creatividad, en conjunto. Aquí nadie manda a nadie», asegura.?María Ignacia Alvear, marketing y communications manager de Burger King, subraya que este tipo de colaboraciones deben hacerle sentido a ambas partes. «En nuestro caso, con Felipe Riesco conectamos de una forma muy genuina al querer mostrar y dar a conocer el hiperrealismo.
Es un mismo idioma y con ello damos vida a que lo hiperreal sabe mejor, porque nuestro menú es libre de ingredientes, conservantes, saborizantes y colorantes artificiales», promociona.