Este domingo cierra en el Centro Cultural de Ñuñoa
También hay pastelería bielorrusa, joyería y ropa con diseños de autor.
En una analogía arriesgada y advirtiendo la distancia que tienen en fineza y, porque no decirlo, buen gusto, las Matrioshkas son a Rusia lo que los indios pícaros a Chile. Muñecos típicos de cada país con un funcionamiento muy ingenioso. Las muñequitas rusas, creadas en 1890, sobresalen por ir una dentro de otra y en tamaños sucesivos. Del indio pícaro, por razones obvias, omitiremos comentario al respecto.
Las originales y coloridas muñequitas son uno de los atractivos que tiene la feria «Otoño ruso», que este sábado y domingo funciona en la Corporación Cultural de Ñuñoa, ubicada en Avenida Irarrázaval 4280, Ñuñoa.
En el evento, de entrada libre, 42 expositores rusos, ucranianos, bielorrusos, entre otros, muestran distintas manifestaciones de la cultura de estos países: pastelería, platos y trajes típicos, juguetes, joyas, e incluso un taller del idioma ruso.
«Desde 2021 que hacemos cada año este evento, que llamamos «Otoño ruso», porque allá es están en esa estación. Al principio solo había rusos, pero crecimos y sumamos muestras de otros países, lo que da cuenta de la multiculturalidad que tenemos», explica Ekaterina Lebedeva, quien, junto a Elena Andreevskaya, organizan el evento.
Trabajo minucioso
Natalia Naumov (@naumovart), 29 años, artesana, pinta las matrioshkas con pincel y acrílico, en un trabajo minucioso, al punto que lo hace con las muñequitas más pequeñas, de 1,5 centímetros. «Yo importo las muñequitas sin pintar de Rusia, y luego las termino con diferentes diseños míos. Parto dibujando la madera en blanco y luego pinto con colores que varían, pero los más típicos son el rojo, el dorado y el verde. Los motivos son los trajes típicos, como el Safaran, con un tocado que se llama Kokoshnik», explica Naumov. «Allá se regalan para cumplir varios deseos, los que se abren cuando se cumplen», agrega.
Naumov tiene distintos modelos: el juego más pequeño, que parte con una muñeca de 1,5 centímetros, cuesta $40.000, el de cinco a $95.000 y una gigante, aún en proceso, de sietes piezas, $280.000. Se trata de un trabajo muy minucioso que tarda desde doce horas en el caso de la que tienen menos piezas.
Aprender ruso
Los cursos gratuitos de ruso en vivo, que ofrece el centro cultural «Casa de Rusia en Chile», son un atractivo especial de la feria (@Casaderusia.cccr.chile). Anna Khokhlova, del estand del centro», asegura que, más allá de la idea que se puede tener del idioma, el ruso no es difícil para quienes hablan español. «Para leer se puede aprender en muy pocas clases, porque la mitad del alfabeto ustedes ya lo conocen». En el estand de Khokholova la gente puede informarse sobre los cursos que tienen y sus precios. «El más económico, de cinco semanas, cuesta $135.000. Además, tenemos información sobre posgrados en universidades rusas y pronto haremos una feria sobre el tema», explica.
Pasteles suaves
Nastassia Karol (@anastassia.bakery.cl) está presente en la muestra con pastelería de inspiración bielorrusa, su país de origen. «Todas las recetas son creación mía, pero tienen como base la repostería de mi país. «Una diferencia que tiene con la chilena es que no es tan empalagosa, es de sabores suaves y equilibrados. Una torta mía está hecha con miel, caramelo, mantequilla, harina, crema de leche, azúcar, flor, yogurt natural, mermelada de frambuesa artesanal. Es de hoja y no tiene manjar, elemento qué está presente en casi todas las tortas chilenas. En la mía no, y como no es tan empalagosa, la gente siempre se quiere repetir», señala.
En la feria solo ofrece torta en trozo, los que parten en $3.500.


