Cinco originales etiquetas y el dato en qué consisten sus novedades
Hay más de 100 marcas de gin chilenas, más etiquetas que cualquier otro destilado. ¿La razón? Es una oportunidad de mostrar los exóticos botánicos que tenemos en el país y dar con un sabor de autor.
Felipe Hidalgo, enólogo y socio de Laud Gin, era un apasionado piscolero que, durante un Working Holiday en Australia, no podía encontrar pisco. Esto lo llevó a explorar el mundo del gin, fascinado con destilerías que utilizaban botánicos acuáticos como algas. Inspirado por esta innovación, al regresar a Chile decidió crear su propio gin utilizando alga wakame, originaria de Japón y Corea, que había conocido en Australia. Tras dos años de ensayo y error, nació Laud Gin, nombrado en honor a la tortuga laúd, la más viajera del mundo. Trae 15 botánicos clave -incluyendo enebro, cardamomo, alga wakame, jengibre y cáscara de limón-, y una graduación alcohólica de 46 grados. «No deja de ser esa graduación. Lo que pasa es que hice pruebas con 40, 43, 45 y 46 fue la que más me gustó, porque así se afirma toda esta carga de sabores y aromática que quería tener».
Feliz reposo en barrica
Sólo 700 unidades del gin Brotherhood se producen cada mes. Este gin destaca por su proceso de añejamiento único en barricas de primer uso de chardonnay, donde reposa durante nueve meses. Este método, poco común en Chile pero popular en Europa, le otorga al gin sabores distintivos de roble americano, notas amaderadas y matices cítricos propios del chardonnay. Así, se obtiene un gin excepcionalmente suave y versátil, ideal para disfrutarlo puro, con hielo, en un martini o en cócteles como el negroni. «Es un gin de calidad, que se puede tomar puro, solo con hielo y eso es suficiente», explica Martín Castelluci, uno de los socios de la marca.
En modo Lucybell y Los Bunkers
WAV es un formato de archivo de audio conocido por su alta calidad sin comprimir. Tomás Stewart, fundador de Wav Gin, explica que el nombre de su marca surge de la música porque es parte importante de cómo se prepara su gin. «Nosotros ocupamos frecuencia sonora de distintas índoles, como también música, para reposar el gin», comenta Stewart. Este proceso, llamado añejamiento y reposo sónico, consiste en conectar parlantes especiales que emiten frecuencias graves para agitar el líquido, logrando una mejor homogeneización de los aceites esenciales, el agua y el alcohol. Han colaborado con artistas chilenos como Los Bunkers y Lucybell. «En cada versión siempre logramos destacarlo de alguna manera. Por ejemplo, en la de Los Bunkers igual le agregamos un poquito de vino carménère, eso porque a ellos les gustaba harto el vino».
Uno que tiene algo de huesillo
Gin Bastardo es el primer y único gin chileno elaborado 100% con alcohol vínico, sin utilizar alcohol de grano. Miguel Mujica, socio y fundador, explica que aprovechan las cualidades nobles del alcohol de uva, mediante un método de extracción en frío, con el que obtienen un alcohol base que preserva la estructura esencial e incluye el glicerol del vino, aportando una untuosidad y más peso en boca. Trae 13 botánicos, entre ellos enebro de la Toscana y el huesillo, que se usa en seco. Cada botánico es macerado y destilado por separado, luego ensamblado y destilado nuevamente. «Que nuestros trece botánicos se manejen de manera independiente es un concepto muy vínico, un poco la fórmula con la que se hace el ensamblaje», explica.
Le ganó al más grande del mundo
Dr. Masker se usó para hacer el gin tonic más grande del mundo en Curicó. En octubre, el gin Dr. Masker batió el récord del gin tonic más grande del mundo con una preparación en una copa gigante de 1.200 litros en Curicó. Francisco Martín, enólogo y socio de la marca, comenta: «Además acabamos de ganar una medalla de oro en el concurso Catad'Or». Este gin de 43 grados, estilo dry gin, tiene como botánicos principales el peumo, cáscara de naranja y cedrón, lo que le otorga un perfil especiado y cítrico. Además, cuenta con la particularidad de ser filtrado en frío, mejorando la calidad del alcohol. «La marca se inspira en las máscaras que usaban los médicos en Holanda durante la peste negra, donde colocaban semillas de enebro en los picos para paliar síntomas y evitar contagios».


