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Autor de la Foto: JUAN MILLÁN
Título/Pie de foto: Se presentan ahora en Santiago.
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Título/Pie de foto: Mario Córdova
Mario Córdova
El Teatro de Lago de Frutillar acaba de levantar el telón para el primer espectáculo de 2015 enmarcado en su temporada de máximo calado, denominada «Cumbres». Se anunciaba algo que podía sembrar muchas interrogantes, por no saberse a cabalidad las características que ofrecería lo que se señalaba sólo como «Firebird», aludiendo a «El pájaro de fuego» de Stravinsky. En una lectura más detallada de la información se podía advertir que habría un concierto orquestal, pero también iluminación y marionetas. Este agregado no despejaba por completo las dudas y la curiosidad.
Visto el espectáculo en el gran teatro sureño -se presenta estos días en Santiago en el CA 660 de CorpArtes- toda interrogante quedó despejada, dejando de seguro en la audiencia la más feliz sensación de haber vivido una experiencia única, de haber presenciado por primera vez un estallido tan enorme creatividad en torno a la música, permitiendo no sólo oírla sino también verla.
El programa de cuatro partes está concebido en base a intervenciones lumínicas sobre interpretaciones de sendos trozos musicales relacionados directamente con los elementos tierra, aire, agua y fuego.
Pero hay más que eso: la última de ellas, la más extensa, lo ocupa la suite del citado ballet de Stravinsky, sirviendo de fondo musical y físico del accionar de muñecos manejados por una decena de laboriosos titiriteros de la Little Orchestra Society de Nueva York. Vestidos de negro, con finos movimientos de una coordinación sorprendente, estos se encargan de dar vida, con sus cuerpos fusionados con los de esos muñecos que a veces surgen de la nada, a una narración convincente y emocionante. Además el decisivo apoyo de iluminación se encarga de hacer volar la interpretación por alturas increíbles.
En las partes anteriores no hay muñecos; sólo la música y un constante juego lumínico sobre la orquesta, el escenario y también la sala, cambiando atmósferas y ánimos en conjunción con los sones que va desplegando una sinfonía de Hovhaness (tierra), «El Moldava» de Smetana (agua) y «El Gran Cañon» de Grofé (aire).
En todo este aparataje auditivo-visual confluyen la citada compañía neoyorkina, el reconocido diseñador de iluminación Clifton Taylor y la Orquesta de la Academia Internacional del Teatro de Lago, conducida por el maestro invitado Mischa Santora.
Esta orquesta «Sub 35», presente en otros espectáculos del teatro frutillarino, no existe en forma estable. Es producto de una verdadera hazaña, pues convoca a siete decenas de jóvenes músicos provenientes de todo el mundo, quienes tras una cuidadosa selección viajan por una semana a trabajar a nuestras latitudes. Esta vez los elegidos tuvieron el privilegio de sumarse en la concreción de una experiencia artística inédita en los escenarios chilenos.


