Elena Hinojosa y su hijo Eduardo Páez desaparecieron en 1996
El hallazgo se produjo tras la confesión de Bustamante a la periodista Ivonne Toro en la Cárcel de Rancagua.
Karem y su madre esperaron, luego los buscaron por todos lados y finalmente presentaron una denuncia por presunta desgracia. Pero a los días les siguieron los meses y a los meses años, hasta que la ausencia de su tía y de su primo no pareció importarle a nadie.
Veintisiete años después, en agosto de 2023, una periodista llamada Ivonne Toro llegó hasta la Cárcel de Rancagua para entrevistar, una vez más, a Hugo Bustamante, condenado por el homicidio de Ámbar Cornejo, cometido el 2020. Toro estaba escribiendo un libro precisamente del caso Ámbar y ya se había ganado la confianza de Bustamante, tras varias conversaciones.
Casi al final de aquella entrevista, Bustamante, acaso como agradecimiento «por haber sido tratado con respeto y dignidad», reveló un secreto. Dos nombres por los que nunca nadie preguntó. O eso creía él: Elena Hinojosa y Eduardo Páez.
Toro investigó y supo que Páez había compartido celda con Bustamante y hasta dio con la denuncia por presunta desgracia presentada por la mamá de Karem Mascareño en 1996. En una última entrevista con Bustamante, en junio de este año, la periodista le sacó la verdad que faltaba: el lugar donde se encontraban los cuerpos. Fue en la calle Covadonga, de Villa Alemana, la ex casa de Bustamante.
Peritos de la PDI excavaron y encontraron dos cuerpos, restos imposibles de identificar a simple vista. Había que hacer pruebas de ADN para confirmar. Esa confirmación llegó la tarde del lunes. La Fiscalía afirmó que, sin lugar a dudas, los restos pertenecían a Elena Hinojosa y su hijo.
«Aquí estamos cerrando un círculo», dice Karem Mascareño. «Ni mi mamá ni yo ni nadie conocíamos a este señor Bustamante, ni sabíamos de la existencia de la casa en calle Covadonga. Pero ya sabemos la verdad, ya sabemos lo que pasó».


