Mezclar un monumento nacional con una faena minera privada es un contrasentido grosero, que a juicio de hasta el más incauto de los chilenos se debe resolver a la brevedad.
José de Gregorio, presidente del Banco Central, dio a conocer este martes el nuevo billete de 20 mil pesos, anunciando su lanzamiento oficial para el próximo 28 de julio. En el diseño se mantiene la figura de Andrés Bello en el reverso, agregándose en su anverso una imagen del Salar de Surire, monumento natural ubicado en la Región de Arica y Parinacota.El billete, al parecer, es infalsificable. Lástima, para algunos, que la realidad no lo sea. Como caminantes del Sendero de Chile conocemos en detalle, y palmo a palmo, la blancura deslumbrante del salar y el contraste prodigioso creado por las azules lagunas que en él se engarzan como zafiros. El salar es el hábitat natural de tres de las seis especies de flamencos que existen en el mundo («parinas», en aimara) y tradicional lugar de reproducción de estas aves que parecen surgidas de Alicia en el País de las Maravillas .
Pero Surire, infortunadamente, no es el país de ninguna maravilla, ya que al noreste de este salar y contradictorio monumento nacional funciona inexplicable y agresivamente una mina de bórax, propiedad de la empresa Quiborax, una ruda operación que, con su ir y venir atronador de maquinaria pesada y su tráfico de grandes camiones, ha incidido visible y dramáticamente en la reducción de la población de flamencos en ese lugar que se supone su santuario.
La presencia de Surire en un billete es toda una metáfora de este contrasentido inexplicable. Las 11.298 hectáreas de superficie que lo componen «resguardan» la existencia de valiosas especies como el ñandú, el flamenco, la vicuña, la alpaca o la llama, entre otras menos conocidas. El triunfo del billete sobre la naturaleza es en Surire más evidente que en ninguna otra parte, razón por la que felicitamos a los creativos de la Casa de Moneda por su poético acierto.
Mezclar un monumento nacional con una faena minera privada es un contrasentido grosero, que a juicio de hasta el más incauto de los chilenos se debe resolver a la brevedad. O es el Salar de Surire una cosa o es la otra. En ningún punto del mundo civilizado conviven estas dos realidades antagónicas: parque nacional y faena minera. Y Chile aspira, con toda su alma, a ser una nación civilizada, moderna y ejemplar. En Surire no lo es, y la población de los maravillosos flamencos color de rosa cae año tras año hacia la línea roja de la extinción.
Se consigna que los yacimientos ya eran conocidos en 1836 y que la empresa británica Borax Consolidated habría iniciado su explotación alrededor de 1852, siendo aquello todavía territorio boliviano. A 4.200 metros sobre el nivel del mar, en el Salar de Surire la temperatura oscila entre los -15ºC en la noche y los 5ºC en el día, destacando el cerro Oquealla en su centro, con una altura de 4.322 metros. Cada vez que usted mire un nuevo billete de veinte lucas, recuerde que el poder de ese papel infalsificable está triunfando sobre la falsificada realidad de un parque-mina-exterminador de flamencos.


