La cantante, que lanza Bugambilia, se reinstaló en Santiago con Daniel Matamala y la hija de ambos
Cuenta que el nuevo disco lo grabó casi por completo en su casa e inclusive en algunas canciones se escucha a la pequeña Roma.
La nueva canción de Francisca Valenzuela se llama «Bugambilia» por una razón muy concreta. Mientras estaba en posparto junto a su hija Roma, que en noviembre cumple dos años, observaba el ciclo de este arbusto desde una ventana de su casa. En esta composición (este jueves debutó el video https://acortar.link/HxyTlA), la intérprete expone el lado más angustiante de la maternidad con conceptos como «tengo una sensación/ de insuficiencia» y «sola en la casa, ¿soy yo la amenaza?».
En estos últimos meses, la compositora e instrumentista nominada al Latin Grammy ha vivido «una revolución interna que va profundizando la conciencia que tengo del rol de las mujeres en todos sus sentidos». Con intensidad menciona la «crisis de identidad» que sufren algunas madres y añade que «es muy loco, porque no solamente se siente así, pero químicamente, biológicamente, pasan tantas cosas, que en verdad se rompe tu identidad y realidad. Y si bien me considero alguien que tiene la posibilidad y el interés para informarme, aun así, me sentí súper corta de herramientas y entendimiento de lo que estaba pasando».
Componer sobre su maternidad le significó «una herramienta de sobrevivencia, de auto diálogo y, cuando empecé en posparto a buscar otros testimonios y libros, fueron una nutrición. Este tema es súper tabú porque obviamente hay una cosa muy ambivalente: uno no quiere saber que ser mamá es tan difícil, ni como hijo ni como mamá. Pero lo es y pasan muchas cosas en diferentes planos».
En paralelo, junto a Daniel Matamala, su pareja y padre de la pequeña Roma, se instaló en Santiago luego de vivir durante muchos años en California. «Volver a Chile ha sido bacán en realidad. Ha sido reencontrarme con la comunidad laboral, amistosa, familiar que tengo y, además, estar en un lugar donde siento que aporto. Vuelvo con una vida personal armada, andando, emocionante y con una estructura y visión profesional más madura y dirigida», señala la creadora del festival Ruidosa, que se realizará en julio en Nueva York y en Santiago el 10 y 11 de octubre.
En lo cotidiano, aparte de su vida laboral que incluye viajes, tiene actividades como «ir a la plaza, estar en familia.
Por ejemplo, el otro día fui a cenar cerca del cerro Santa Lucía un viernes por la noche. Suena muy ñoño, jajajá, pero hace mucho rato que no había podido salir sin un show. Fue muy rico estar con amigos y con Daniel. Además, soy súper comilona, sibarita; siempre voy a la Pulpería Santa Elvira».
¿De qué se ha sorprendido de Daniel y de usted en esta etapa como padres?
«Son sorpresas todos los días. Es muy interesante, porque yo estaba sin mi hija en mi vida hace menos de dos años, que es súper poco tiempo. Entonces me escucho responderte y digo: guau, esto es algo que está recién empezando, que estoy recién entendiendo y atribuyéndome la posibilidad de comunicar algo. En mi caso, la decisión de hacer familia y ser mamá tuvo que ver con encontrarme con alguien con quien me hacía sentido hacer ese proceso. En el fondo, es un proyecto en pareja y en equipo, con una familia que no solamente somos nosotros, sino una familia extendida, con diferentes personas, y eso también es importante para mí».
En el caso de Daniel Matamala, él ya tiene un hijo y la cantante destaca el hecho de que «Roma esté acompañada de hermanos y cercanos. Eso ha sido súper importante, ha sido fundamental».
Un disco casero
El nuevo disco de Francisca Valenzuela, aún sin fecha de estreno, se grabó «en mi casa entre pañales, siestas, papa y Daniel trabajando. Fue una dinámica donde mi compañero (el productor) Francisco Victoria estaba instalado en la casa, trabajábamos dos horas, yo me iba a la plaza con la Roma, almorzábamos y después trabajábamos dos horas más. Y así desde las 7 AM hasta las 2 de la madrugada. Esa estructura me permite lentamente tomar más responsabilidades fuera de la casa. Al estudio fui exclusivamente a grabar las cuerdas del álbum», detalla. Mientras que su voz se registró «en mi casa, sentada en el sofá o en el suelo. Tengo una pequeña oficina que compartimos, ahí armamos un estudio con Francisco y grabamos. Apostamos a que esa crudeza quede registrada».
«Y luego, el sueño, que nunca había hecho, era poder integrar estas cuerdas elocuentes, cinematográficas, terrorosas, tipo Wendy Carlos en The shining, y grabar eso en un estudio con músicos de primera línea. Entonces se combinan estos elementos caseros, como la Roma gateando por atrás, y al mismo tiempo estas cuerdas elocuentes, súper bien arregladas. Por ejemplo, en una canción justo la Roma se estaba despertando y se puso a llorar. Me gusta mucho eso de hacer un disco con muchas texturas distintas».


