Ánimos de funeral se vivieron en el comando oficialista
Caras largas, improperios, pifias y largos abrazos, como de velorio, se registraron minutos después del primer cómputo.
«Mientras más rápido, mejor», gritaba una integrante del comando freísta para anunciar que el ex candidato presidencial reconocería el triunfo de su rival, sólo media hora después del primer cómputo oficial.
Los ánimos en el céntrico hotel Plaza San Francisco se vinieron abajo definitivamente a las seis de la tarde, cuando aparecieron las primeras proyecciones y cuando había certeza que ni los votos de los sectores rurales alcanzaban para evitar la debacle total. Sólo el senador DC Jorge Pizarro había salido a ponerles el pecho a las balas con un discurso cauteloso, pero en nada triunfalista.
Lo que pareció extraño fue el anuncio de que los presidentes de los partidos políticos de la Concertación darían a conocer su opinión sobre la jornada electoral. Escalona, Latorre, Meza y Adriana Muñoz se subieron al estrado en la sala de prensa, encimados por una nube de camarógrafos.
Caco Latorre, el DC, tomó el micrófono como para iniciar la intervención y recibió un vendaval de pifias e improperios. «Renuncia. Escalona, ándate, dejaste la cagá», gritó una mujer arriba de una silla. Como soldado vivo sirve para otra batalla, los dirigentes descendieron del proscenio y se fueron como asumiendo que no era buena idea hablar a la audiencia presente, caliente y molesta por la derrota.
Hasta que apareció Frei, las niñitas, Martita, Carola Tohá, Lagos y Aylwin. Entre desganado y nervioso, el senador habló de madurez cívica y la solidez democrática. En el epílogo recordó una frase que le enseñó su padre: «Hay que mirar los triunfos y las derrotas con la misma cara. Si lo logras, serás un hombre».
A continuación, inexplicablemente, alguien comenzó a cantar el Himno Nacional. Más sorpresivo aún fue que se transformó en un coro triste y lastimero. «Bien, ¿nos vamos?», le preguntó Frei a Martita al terminar la canción y antes de emprender la retirada. Por Alameda se colaban ruidos de bocinazos celebrando el triunfo piñerista.
A esa hora los freístas comenzaron a desocupar el comando, cabizbajos.


