Es impresentable que cada noche duerman juntas personas llamadas a velar por intereses radicalmente opuestos.
La vida privada de los Tohá – Rossi y Camiroaga – Hansen está expuesta minuto a minuto no por que sean personajes faranduleros o porque vivan de la exposición mediática como una modelo discotequera cualquiera. Por el contrario, el nivel de sus éxitos y el enigma que representan sus respectivas relaciones de pareja los ponen ahí, en la cresta de la ola del interés de los consumidores (más que ciudadanos) que quieren saber detalles, más que de sus vidas, de sus quiebres, desencuentros y crisis.
Nunca llamaron la atención los buenos momentos de los chicos de la política en el Congreso cuando ambos eran diputados: sólo generaron ese interés cuando Carolina lloró en uno de los patios al lado de Fulvio y un lente periodístico capturó la escena.
Lo de Camiroaga y Hansen, eso sí, tiene una particularidad: ¿se puede terminar mediáticamente un pololeo que nunca existió mediáticamente? En eso Felipe tiene un mérito y es su capacidad comprobada: no sólo ventila lo justo su vida privada, sino que, y sobre todo, no expone en imágenes sus relaciones. En palabras sencillas: uno puede saber que pololea pero nunca lo ve pololear. No existe en materia audiovisual su noviazgo, así que el cambio que se produce en el imaginario de los televidentes, si su relación terminó, es mínimo por no decir que nulo.
-Recreación en «Mucho gusto»La Fiera vio «humillante» trato de Felipe a la rubia
«Yo creí en esa relación», ironizó ayer Pamela Díaz. La panelista de «Mucho gusto» se dio un festín hablando de su archienemiga Fernanda Hansen y el supuesto quiebre con Felipe Camiroaga, a la misma hora que en el 13 ardía Troya.
Claro que la morena dio por hecho que la relación ya era historia y compartió con sus compañeritos de programa que durante el Festival de Viña, se comentaba que el rostro de TVN quería ponerle punto final al pololeo y que no lo hizo antes del certamen, porque «a Felipe no le convenía que hablaran de su relación terminada, sino que de su animación».
Pero no conforme con eso, relató una escena «humillante» que presenció en el hotel Sheraton Miramar.
«Estaba en el ascensor del hotel. Iba Soledad Onetto, otra persona y Felipe. Fernanda iba a su lado y él la pesca (recrea que él la toma de la mano y pone detrás de él) y sigue hablando con los demás. Después se da vuelta, le da un beso en la cara y se va. A mí me hace algo así, te juro que me enojo».


