Gran parte de la narrativa familiar oscila entre lo afectuoso y lo violento, entre lo zonzo-moralizante de las producciones «para la familia» y lo terrible esperando detrás de la puerta. La hija de Ari , primer libro de Alexandra Kúsulas, quiso explorar los dos polos, pero quedó empantanada al delinear la violencia doméstica.
Estamos ante un nuevo libro de aporte cero, escrito con simpleza, que construye una historia sin mayor vuelo, con personajes tantas veces leídos, tantas veces vistos en esas series televisivas donde le dan y le dan al dramón familiar, donde siempre hay una niña mágica, un padre terrible, una madre victimizada y un hijo rebelde. En este caso, el melodrama va aderezado con viajes, ya que el padre es hijo de griegos, y harto cáncer, que viene a ser el punto cumbre de la novela, porque permite la reconciliación de los personajes. Esta novela caería como anillo al dedo a devotos de Pilar Sordo, gurú de la autoayuda chatarra, pero también a miembros de la colonia griega que verían retratadas algunas de sus costumbres.
La historia se detiene en cada miembro de la familia; sin embargo, el protagonismo lo tiene Anastasia, a la que se aborda desde la infancia a la adultez. Vemos aparecer sucesivas escenas en las que se expone la figura violenta de su padre, Ari, un hombre hosco y especialmente duro con la madre y el hijo mayor, Gerardo, a quien expulsa del hogar en su adolescencia. La mala cabeza del padre lleva a la familia a la pobreza; sólo les queda la casa en El Arrayán, así que el padre decide emigrar a Grecia, tal como unos años antes lo había hecho su hijo.
Angélica, la madre, es una mujer pasiva y dulce, que jamás se enfrenta al autoritarismo del marido; pero no sólo ella evita la confrontación con Ari, la familia completa aparece siempre dispuesta a perdonar al pater y a dejar pasar sus exabruptos, sus ataques de ira o sus decisiones apresuradas. A pesar de que el libro pretende exponer a una familia de clase media, existe un alto componente de clasismo en las relaciones que entablan los personajes con el mundo popular. Hay un dejo de superioridad en la mirada de madre e hija y fundamentalmente en la del padre, quien expulsa de su negocio a todo aquel que le parezca indecente.
La hija de Ari es una novela que se vuelve predecible al desarrollar una estrategia cercana al cuento infantil con el típico desenlace didáctico. La historia no logra superar jamás el carácter candoroso de los personajes femeninos ni el de sus destinos. Kúsulas se aplica en escribir desde la ternura desmedida; parece temer dejar mal parados a sus personajes, lo cual literariamente implica la configuración de perfiles superficiales, boceteados, livianos en su psicología. La hija de Ari es una novela mansa y tan quieta como una foto de álbum agrietada y polvorienta.
La hija de Ari
Alexandra Kúsulas
Alfaguara, 2009, 312 páginas.


