El menor de la familia tiene 15 años y también defiende los colores de Colo Colo
Eligió este deporte porque vivió el dolor de su hermano en lo mediático del fútbol, cuenta su mamá Marcela Urbina.
Marcela Urbina parece estar repitiendo la historia de hace unos años cuando le tocaba acompañar a su hijo Gabriel Suazo (26) a los entrenamientos de las juveniles de Colo Colo y posteriormente a los partidos en el Monumental.
Aunque el zurdo dio el salto a Europa en enero del año pasado, su madre nuevamente está ahí apañando en las tribunas: Cristóbal, el menor de los hermanos con 15 años, juega en el equipo de básquetbol de Colo Colo y con un detalle no menor en la camiseta.
«Con el mismo número y el mismo equipo de sus amores. Los amo», publicó ella en redes sociales etiquetando a Gabriel y Cristóbal. «Rendirse nunca debe ser una opción», añadió más tarde.
¿Por qué le dedicó ese mensaje a Cristóbal, Marcela?
«Porque lamentablemente perdieron ese partido por muy poca diferencia y a él, al igual que Gabriel, a veces le ha sido difícil y complicado en estos deportes competitivos. A veces se frustra pues él quiere siempre resultados óptimos y se autoexige más de lo normal. Es difícil que entienda que el deporte es como la vida, llena de aciertos y errores».
Cristóbal está próximo a cumplir 16 años y tiene un régimen bastante estricto: entrena tres veces a la semana y juega sábado y domingo. «Tiene tres ligas, por ende se juega los dos días. Juega básquet hace dos años.Lo eligió después de la pandemia, pues vio y vivió en carne propia el dolor de su hermano en lo mediático y no quiso seguir en el fútbol. Entonces se decidió por el básquetbol», explica su mamá.
Su compromiso con la pelota naranja llegó a tal punto que incluso se le vio entrenando en Toulouse durante los viajes familiares para ver al ex capitán de Colo Colo. «Gabriel está orgulloso de su hermano, siempre lo tira para arriba y lo aconseja. Cuando está en Chile trata de ir a los entrenamientos y partidos. Lo ayuda con implementos, pide links para ver los partidos. Cuando viajamos a Francia se preocupó de que no perdiera continuidad: le compró artículos para que se prepare físicamente y un tablero de básquet que instaló en su casa para que practique. Es un hermano excepcional», cuenta Marcela.
¿Y cómo ha sido revivir este camino de acompañar a un deportista?
«Para mí y para mi familia ha sido un volver al pasado. Se sufre y bastante. Hay que contenerlos frente a un mal partido, a no ser citado. La vida del deporte es tan competitiva que puede ser estresante. Ahí hay que estar para hacerlo sentir y ver que nada ni nadie puede hacerlo renunciar a su sueño».


