Cumplió Piñera con una promesa, pero rompió otra.
Piñera cumplió con una de sus promesas. Hay en su gabinete poco que huela a Pinochet o a vieja derecha. La mayor parte de los ministros son RN o independientes, la mayor parte antiguos colaboradores de Piñera, que no parecen tener ninguna misión dogmática, ningún gran mensaje para la humanidad. Hay nombramientos atinados como los de Ena von Baer o Luciano Cruz Coke, que en una vieja telenovela padecía la sicopatía de Paulina Urrutia, una telenovela, «Fuera de control», que ahora es un verdadero símbolo del momento político que vivimos.
Cumplió Piñera con una promesa pero rompió otra. Una de las prácticas más criticadas de la Concertación: entregar ministerios como recompensa por elecciones perdidas. Y quizás está ahí la debilidad principal de este gabinete. Las elecciones perdidas no se pierden por azar. Son las señales de una desconexión con la ciudadanía, un no comprender los tiempos que corren y el Chile en que se vive. Así el gabinete no se parece, por suerte y por desgracia, al país real. Su diversidad no. El mayor símbolo de esa desconexión con la ciudadanía ha sido justamente el ex alcalde Ravinet que, queriéndolo o no, simbolizó en las municipales la vieja política y los viejos políticos, esos que han llegado a creer que sus personas son indispensables y que son más que los partidos o las alianzas que los hicieron lo que son.
Ravinet, que bien podría haber sido ministro de Frei de ganar éste las elecciones, simboliza esta clase de política que no cambia, que permanece de gobierno en gobierno, que, en el fondo, cree que los partidos son decorativos, que lo importante y lo central son ellos.


