Medel la pasó chancho en una pichanga con los internos del penal
El Pitbull, que tiene a un tío cumpliendo condena en esta cárcel, corrió como loco, tomó Coca-Cola y comió galletas Tritón. En agradecimiento, los reos le cantaron y le regalaron un espejo.
El sol es insoportable en el patio del módulo 11 del penal Colina II. Son las 11 de la mañana, la mayoría de los presos busca un poco de sombra en las orillas del lugar y otros pocos se pasean medios nerviosos. Todos aguardan por el gran momento del día: en cualquier instante aparece Gary Medel por detrás de una reja para jugar un partido de baby fútbol.
El Pitbull ya llegó al recinto junto a su papá Luis, su hermano mayor del mismo nombre y el menor Kevin, pero está compartiendo en una sala interior con algunos presos en plena rehabilitación, quienes le muestran sus trabajos.
Medel, que también es acompañado por el colocolino Sebastián Toro, mira relojes de madera, platos, sombreros, muebles y varios espejos. Uno con la insignia de la UC es para él. A Torito le toca un enorme cacique tallado en madera.
«Ahí viene el Gary recién salido del horno», lanza alguien en el patio, pero el que asoma es un reo bien moreno con poca pinta de bueno para la pelota. El futbolista aún está adentro tomando Coca-Cola y comiendo galletas Tritón.
A los pocos minutos, el jugador de Boca Juniors está en el patio. Aplausos, silbidos y gritos que se multiplican. Un muchacho con la camiseta de la UC se le acerca y se gana un autógrafo, pero rapidito porque antes del partido hay un par de sorpresas de los anfitriones.
Primero, el grupo Esfuerzo, encabezado por un reo violinista, le toca una canción. Luego El Mantequilla agarra una guitarra y canta de lo lindo. El Gary y su familión ya visten de corto y ahora quieren jugar a la pelota.
El balón comienza a rodar. El cementó arde y ahí está Medel, corriendo con camiseta roja. Un reo grita «¡están con la pera suelta!» (eso quiere decir algo así como «muertos de miedo») y el Pitbull aplaude la talla. El primer tiempo termina 5-0 para la visita.
En el complemento, el equipo de la cárcel cambia completo y el asunto se estrecha. Las chuletas aparecen, Medel intenta una chilena y su hermano Kevin le pone un codazo a un interno medio metro más alto que él. Después El Gary le mete el hombro a un rival y se tira al piso para ganar la pelota, y al ratito a su hermano Luis lo bajan sin asco y cae al suelo caliente.
«Parece que antes era la reserva la que estaba en la cancha», dice Medel y el encuentro finaliza 8-5 a su favor.
«Desde el choque con Brasil en el Mundial que no jugaba un partido tan bueno», asegura el jugador, bañado en sudor y feliz de la vida.
El hombre tenía una buena razón para hacerse un espacio en sus vacaciones e ir a Colina II. Un tío suyo cumple condena en el penal y así se gestionó su visita al módulo donde están los internos con mejor conducta.
«Mi tío me ha contado que estar acá es penoso, triste para él y para la familia. Pero a veces uno comete errores y confío en que él aprenderá. Mi mensaje para todos ellos es que aprendan de los errores, salgan adelante, formen una familia y sean felices», reconoció Medel, ya a torso desnudo y sentado con todo el familión en un sillón.
El Pitbull llegó a la cárcel, jugó un partido de baby de 20 minutos por lado y después descansó con la familia.
Este interno cruzado quedó feliz con el autógrafo de Mece].


