Luis Obreque relata cómo se salvaron 240 presos en 1996
E ra centinela Luis Obreque Vivanco cuando el 26 de septiembre de 1996 el fuego empezó a desparramarse por la antigua cárcel de Angol. Decir que quedaron cenizas de ella sería mucho, porque no quedó nada.
Ayer Obreque, historiador con 24 años en Gendarmería, vio por la TV lo que pasaba en San Miguel y recordó lo que había vivido él hace 14 años. «Es impactante para uno que está todos los días conviviendo con esta gente, atendiendo sus necesidades de salud y religiosas. Esto uno no lo desea ni remotamente», cuenta al teléfono y admite que no pudo seguir viendo imágenes de la tragedia en la capital. Y como su hijo pequeño se preocupa, decidió»apagar la TV» y desconectarse.
El año 96, recuerda Obreque, «se quemó la unidad completa. La cárcel era de madera y había 240 reos en ese momento, pero todo fue ordenado. Había mangueras, grifos, se organizó la guardia, se paró el fuego y la gente pudo ser rescatada sin ningún rasguño. Los bomberos llegaron a pie y ayudaron más tarde los de Collipulli y Traiguén».
-¿Qué me dice de San Miguel?
-Esa cárcel es gemela con la de Puente Alto, son del año 82 y responden a otra mentalidad carcelaria. No se hicieron previendo la instalación de redes secas ni extinguidores. Y qué decir del personal que estaba ahora de noche. Cinco o seis nocturnos es, a todas luces, insuficiente. Acá, en el nuevo Centro de Detención Preventiva de Angol, tenemos red seca, carros con 50 kilos de polvos químicos secos con ruedas, coordinación con Bomberos, la PDI y Carabineros, y hacemos simulacros.
-José Antonio Gómez, cuando fue ministro, dijo que la cárcel de San Miguel se iba a cerrar el 2004.
-Eso se viene escuchando hace mucho rato, porque está en zona urbanizada. La unidad se construyó en sector eriazo y en todas partes de Chile pasa que la cárcel termina rodeada de casas. Debería haber un perímetro de 100 metros a la redonda sin construir, para evitar problemas en caso de fugas.


