El deportista vive solo desde hace dos semanas en la parcela de su familia
Cuando hace frío, realmente hace frío: en la mañana amanece escarchado, la sensación térmica puede llegar a diez grados bajo cero, comenta.
Pirque ocupa un lugar especial en la historia de Gonzalo egas. Allí, su familia posee desde hace 30 años una parcela de 5.000 metros cuadrados que durante décadas fue un lugar de encuentro del grupo. El artista marcial y ex figura de realities vivía en un departamento de Providencia, que el pasado 1 de junio dejó para radicarse en el campo.
La idea no surgió de un día para otro. Todo comenzó durante la pandemia, período en que pasó mucho tiempo junto a su hijo en esta localidad rural. La tranquilidad del entorno y la distancia del ruido urbano lo convencieron poco a poco de dejar Santiago.
Hasta entonces, egas había residido en su propiedad en la capital, adquirida en 2006. En ese espacio compartió durante años con su entonces pareja, Wilma González, y con Noah, el hijo de ella. Aunque se conocieron cuando el niño ya había nacido, el vínculo que construyeron fue tan estrecho que él asumió un rol activo en su crianza.
‘Mi hijo vive con la mamá. Los fines de semana lo veo y me pasó que el departamento se me hizo grande. Son 90 metros cuadrados, tres habitaciones. ¿Para qué tener un departamento, si tengo la parcela? Me encanta vivir en el campo', cuenta.
Pero la parcela es mucho más grande
‘Claro, pero es campo y tiene otros atributos. Me encanta estar acá. Tengo una huerta, hago todo el trabajo de campo. Me gusta cortar leña, podar árboles o disfrutar de la piscina en verano. Durante la pandemia me di cuenta de que no me gustaba la vida de departamento'.
Antes de mudarse definitivamente, egas dejaba la vivienda en la ciudad sola y acudía una vez al mes para verificar que todo estuviera en orden.
‘Me di cuenta de que estaba generando un gasto importante entre los gastos comunes, el agua, la luz y el gas. Además, estaba dejando de recibir un ingreso relevante', menciona.
¿Qué hizo con sus cosas?
‘Las tengo todas en cajas. Algunas las vendí, aunque en realidad quería deshacerme de ellas más que obtener dinero. Eran cosas pequeñas. Todo lo que es funcional lo tengo acá en la casa'.
¿Qué le gusta de Pirque?
‘Todo. Cuando llegamos no había nada, pero mi familia, especialmente mi madre, plantó muchos árboles: manzanos, duraznos, perales, damascos, naranjos, membrillos, nogales, palmeras, sauces, rosales, arrayanes, peumos y fresnos. Hoy esto es una especie de oasis. Está lleno de pájaros; de hecho, he llegado a distinguir unas 18 especies. Me considero un privilegiado. Además, estoy solo a 45 minutos de todos los servicios y de todo lo que uno necesita de la gran ciudad (en Puente Alto)'.
¿Cómo es la vida en Pirque?
‘Hay una vida local muy interesante. La gente vende corderos, gallinas y conejos. No tiene la delicadeza de la ciudad, sino una condición más rural, marcada por la forma en que se enfrenta al entorno. Por ejemplo, cuando hace frío, realmente hace frío: en la mañana amanece escarchado, la sensación térmica puede llegar a los diez grados bajo cero. Acá el invierno es bravo'.
¿Cómo se calefacciona?
‘Con la estufa a leña ando muy bien'.
Remodelación
Cuando ya tenía tomada la decisión de mudarse a Pirque, egas inició el proceso para dejar su departamento listo para arriendo. La mayor parte de sus pertenencias fueron trasladadas a la parcela y, desde febrero, comenzó una remodelación que asumió prácticamente por cuenta propia.
‘Vi muchos tutoriales de YouTube y aprendí conversando con amigos que trabajan en construcción. Para cambiar el piso, por ejemplo, vi varios videos, empecé a probar y el resultado quedó bien. Lo mismo ocurrió con los baños. Los remodelé completos. Cambié los vanitorios, los inodoros y los pisos de ambos baños. Todo lo hice sin apuro', relata.
Durante ese período se quedó en el departamento de su actual pareja, ubicado cerca de la propiedad en remodelación, para evitar el viaje desde Pirque todas las mañanas.
¿Sabe más o menos cuánto gastó?
‘Varios millones. Aunque soy muy ordenado con los gastos, aparecieron muchos costos que no tenía considerados. Por ejemplo, tuve que cambiar el piso de un baño. Lo instalé y después mi cuenta de que no era bueno. Me habían dicho que era autoadhesivo y que quedaba excelente, pero quedó pésimo. Tuve que volver a comprar materiales y desarmar todo. Solo en piso flotante gasté unos $2.000.000 y en los baños, alrededor de $600.000'.
El principal contratiempo surgió cuando intentó cambiar un monomando, una tarea que terminó con una inundación en el departamento.
¿Pudo arrendar la unidad?
‘Sí, se arrendó súper rápido. Contraté a un corredor, publicamos el aviso un jueves, el sábado ya había diez personas visitando el departamento y el domingo teníamos arrendatario'.
Quizás le favoreció la viralización del problema del monomando.
‘No sé, las personas que iban a ver el departamento no tenían idea de quién era el propietario. Me imagino que cuando leyeron el contrato se dieron cuenta'.
¿Le gusta esto de ser maestro chasquilla?
‘Siempre me ha gustado trabajar con las manos y hacer las cosas yo mismo. Me gusta sentirme útil. La instalación de las cañerías de agua potable en la parcela la hicimos con mi hermano. Además, una casa prefabricada que teníamos en un principio la armamos junto a un maestro'.


