Te relevaron en el minuto peak, pero estuviste impecable.
Ayer cuando cerca de las 16 horas Gonzalo Ramírez le pasó el micrófono a Amaro Gómez-Pablos para que el hispano-chileno tomara la transmisión especial de TVN y se cubriera de gloria, quedó en evidencia que los galones de ciertos periodistas televisivos pesan y de qué manera.
Noté la mueca de decepción del primer reportero mencionado, pese a que desde el estudio Mauricio Bustamante y Mónica Pérez se deshicieron en elogios por su notable cobertura de la tragedia minera, que ahora cobra visos de milagro. No fue suficiente para hacerlo sonreír.
Es que Ramírez prácticamente acababa de ser destituido al aire por un periodista que con su cacofónico y a estas alturas inexplicable sonsonete «españolao» hacía parecer que nos sentamos sobre el control remoto y sin querer cambiamos el canal a Antena 3.
Fue una triste carrera de postas, en que Amaro llegó a la meta, pero el que llevó el testimonio todo el tiempo fue Gonzalo Ramírez. Lo suyo desbordó sobriedad y rigor periodístico, y contrastó con el cometido de colegas de otros canales.
Por ejemplo, en Mega quedó claro que a los noteros que mandan a terreno les lloran productores más vivitos, para que les soplen ciertos datos clave. Apostado en Plaza Italia, el muchacho que despachaba para ese canal nunca se percató de que en sus narices estaba el conocido (no por él) Juan Carlos «Palta» Meléndez, oriundo de Copiapó, el que fue lamentablemente bypasseado en el despacho.
En Chilevisión también hubo momentos bajos. Pese a que Iván Núñez fue el héroe de la jornada televisiva al avivarse y mostrar antes que cualquiera la primera imagen de un minero, mezcló acotaciones totalmente fuera de lugar con show desatado. Ejemplo de lo primero: entrevistaba a la mujer de un minero boliviano atrapado y se despachó la desafortunada frase «Son todos mineros. ¡Qué importa de dónde sean!». De lo segundo: terminó vendiendo completos.
Por eso lo repito, me quedo con el gran pirquinero de TVN: Gonzalo Ramírez. Sigue así, muchacho.


