Patricio Yáñez dice que vive con antiinflamatorios y que deberá hacerse un implante
El ex futbolista y actual comentarista señala que, pese a todo, no piensa disminuir su actividad laboral: Voy a seguir trabajando en lo que me gusta hasta que me digan que no me necesitan.
Patricio Yáñez corría como pocos en su época de futbolista activo -denotando su formación como atleta- y ahora, a los 63 años, sigue corriendo, pero no para sacar un centro a la carrera -su especialidad- sino que para cubrir todos los espacios laborales que tiene como comentarista de fútbol.
El propio Yáñez cuenta su rutina.
«De lunes a viernes, a las 5.45 ya estoy despierto para llegar con tiempo al programa de las 7 de la mañana en la radio Agricultura. Tras eso tengo la mañana libre, pero a las 12 vuelvo a la radio para prepararme para el programa que tenemos entre 14 y 15 horas. Después almuerzo, voy a mi departamento si alcanzo, porque me gusta irme a las cinco de la tarde a ESPN. Pese a que el programa es entre 20 y 21.30, prefiero ver partidos internacionales en la oficina y no en la casa. Me voy del canal como a las 22 horas y como a la medianoche me duermo. Y los fines de semana dependo de los horarios de los partidos del fútbol chileno y el domingo en la noche voy al programa Círculo Central entre las 22.30 y 24 horas.»
Duerme poquito.
«Es que siempre he sido de dormir poco. Nunca fui bueno tampoco para dormir siesta, lo que en mi época de futbolista fue un problema con mis compañeros de pieza».
¿Por qué?
«Porque a la hora que querían dormir, yo prendía a tele. Tuve compañeros de habitación dormilones, como Eduardo Vilches y el Coke Contreras, que se enojaron conmigo hasta que les conté que lo mío era un trauma: yo no puedo dormir si hay oscuridad completa. Debo tener luz».
¿Le tiene miedo a la oscuridad?
«Sí, junto a mi horror a los aviones, la oscuridad total es mi fobia. Desde chico. Me acuerdo que cuando íbamos al campo con mis viejos, no había luz eléctrica y eso me marcó. No puedo dormir si no veo mi mano. Nunca lo he superado».
¿Y no se ha tratado médicamente? ¿Por último una hipnosis?
«Nada, y eso que me han sucedido cosas increíbles. Cuando jugaba en Colo Colo, me lesioné y el proceso de recuperación del kinesiólogo Fernando Zamorano incluía ir haciendo otros deportes de a poco. Un día me dijo que iba a ir un fin de semana a Lagunillas a esquiar con el curso donde hacía clases en la universidad y me invitó. Fui y en la noche me acosté y la pieza estaba totalmente oscura. Me vino tal desesperación que fui a despertar a Zamorano y le dije que me iba. Y me fui. Agarré el auto y me devolví a Santiago. Fue súper peligroso, pero estaba tan desesperado que lo hice».
Usted tuvo hace algunos años un accidente vascular. ¿Cómo ha evolucionado eso? ¿Tiene restricciones y cuidados especiales?
«Formé coágulos en las arterias y la verdad es que tuve la suerte de que cuando tuve la crisis, estaba en Meds y me llevaron rápidamente a la clínica. Pudo ser peor, pero no quedé con secuelas. Sí debo controlarme cada cierto tiempo, tomar un anticoagulante al día y cuidarme».
Pero usted sigue fumando.
«Sí y no debería. Dejé de fumar un tiempo, pero recaí. No soy de fumarme una cajetilla diaria, sino que lo hago en algún evento social -a los que no me gusta ir en general- o después de cada programa. ¿Las comidas? Puedo comer de todo, pero en eso soy muy consciente. Estoy comiendo menos que hace algunos años. Me gusta comer fruta en el desayuno y en el almuerzo. Como vivo solo, la señora que hace el aseso del departamento me deja siempre comida casera hecha. Carne y alcohol consumo sólo en un asado o cosas así».
¿Hace deporte con frecuencia?
«Cada vez estoy más limitado en eso por mi problema en las rodillas: tengo artrosis, no tengo cartílagos así que no puedo realizar ninguna actividad física de impacto o de salto».
O sea, casi ningún deporte.
«Así es. Hace veinte años, por ejemplo, que no puedo jugar una pichanga. Antes jugaba pádel y tenis y ya no puedo. Mis rodillas están destrozadas. Lo único que hago en el gimnasio es bicicleta y abdominales. Los doctores ya me dijeron que en poco tiempo más será inevitable un implante».
¿No quiere hacerlo ya?
«Los médicos dicen que puedo esperar hasta que sea inevitable. Por ahora vivo con antiinflamatorios y cuando manejo debo descansar un par de minutos antes de bajarme y caminar. No le tengo miedo a la operación, en todo caso. Hablé con (Osvaldo) Arica Hurtado, que tiene implantes, y me dijo que eso le cambió la vida así que lo haré cuando llegue el momento».
¿Por qué llegó a este nivel en esta dolencia?
«Por los golpes que recibí, porque me infiltraba y porque en mis tiempos de futbolista una operación era súper invasiva, no como ahora que se hace una artroscopía y quedas listo».
Con todo esto que está viviendo, ¿no ha pensado en disminuir su carga laboral, en tener más tiempo con sus hijos y sus nietos?
«Para nada. Estoy feliz en lo que estoy y sinceramente no me veo haciendo otra cosa. Ser comentarista me encanta. Nunca pensé ser entrenador porque me hubiese dolido decirle a un jugador que se fuera del club porque no lo necesito en el equipo. No me gusta la soledad del mando, como decía Arturo Salah. Mi idea es seguir trabajando en lo que me gusta hasta que me digan que no me necesitan. ¿Mi familia? Mis hijos -Doni y Patito- ya tienen sus vidas, ella como militar y él estudiando, y a mis nietos (Paloma, de 15 años, y Agustín, de dos años) los disfruto los fines de semana cuando podemos reunirnos todos. Me gusta estar como estoy».
¿Hizo amigos en el futbol? ¿Tiene algún cercano?
«Muchos y me da miedo no nombrarlos a todos. Fui muy amigo de Freddy Bahamondes, que ya falleció, También del Chano (Lizardo) Garrido, del Boca (Raúl) Ormeño, del Guatón (Marcelo) Vega y de Barti (Marcelo Barticciotto). No me junto mucho con ellos porque no soy de salir. Pero para mí los amigos son como las estrellas: aunque no se vean, uno sabe que están ahí».


