El cirujano lanzó muestra de esculturas Niños olvidados para tratar el tema de la infancia
La adopción lo toca de forma personal. Pide al Estado que cuide más a los menores a su cargo.
«El arte transmite, comunica», asegura Héctor Valdés, famosísimo cirujano plástico que también se ha dedicado a la escultura. Su más reciente trabajo es una muestra llamada «Niños olvidados, una historia sin final feliz», instalada en el Pueblito de los Dominicos hasta el 2 de noviembre, con 20 piezas en que representa a menores desamparados.
Su deseo, explica, es instar al Estado chileno a mejorar la vida de los menores a su cuidado, acelerando los trámites de adopción. «Hay gente a la que le ha costado tener hijos y es inaceptable que aún existan niños que no puedan ser adoptados y salgan de los centros de menores a los 18 años sin que les consigan una familia», explica el médico.
El caso le toca de cerca. Según confirma, él mismo tiene cinco hijos adoptados que ya cuentan con 20 y 27 años, todos ellos viviendo en España, lugar de residencia del cirujano.
Valdés no quiere profundizar en el tema, pero explica que la experiencia ha sido muy importante para él: «He descubierto que no hay mayor satisfacción que dar. Uno piensa que da, y es increíble como la vida te retribuye después, es sorprendente».
¿Cómo se le ocurrió esta obra? Tras el estallido social de 2019, Valdés visitó el centro de Santiago para registrar el panorama en fotos. «Vi un rayado que decía No más Sename (Servicio Nacional de Menores). Me extrañó al principio, pero en el recorrido encontré unos 60 similares, así que empecé a preguntarme por qué se repetía el mensaje», recuerda.
Asegura que encargó un trabajo de investigación sobre el servicio y se topó con muchos casos de maltratos y abusos: «Un alto porcentaje de los detenidos en esos días eran adultos que pasaron por el Sename. En las cárceles un 50% de los reos vienen del Sename. Leí historias terribles sobre privaciones y violencia a los que son sometidos los internos».
Esa información le refrescó su experiencia personal: «Como médico vi casos de una injusticia increíble contra niños. Yo valoro el haber tenido padres y una familia que me apoyara, pero muchos no cuentan con ello. Junto a la exposición lanzamos un libro en el que contamos casos de sobrevivientes, como el de Catalina, una joven que a los 18 años fue enviada a la calle y pese a todo salió adelante gracias a la ayuda de una señora que la apoyó. Hoy ella es controladora de tránsito aéreo».
El médico sostiene que algunos de los asistentes a la exposición le han contado que se han emocionado profundamente con las obras. Esa era su intención: llamar la atención de su audiencia con un mensaje para mejorar la vida de los desamparados.


