La actriz vino a Santiago por un trámite médico y debió quedarse para que naciera Maia
Como en teoría aún quedaba tiempo para la llegada de su niña menor, la influencer aún no compraba la silla de guagua, coche y cuna. Pero sus cercanos le entregaron todo lo necesario.
Lo que era un viaje desde Pichilemu a Santiago para un trámite médico se transformó en la llegada al mundo de Maia, la segunda hija de Isidora Urrejola. La actriz comenta que aún faltaba un mes para que su niña naciera y por eso aún no tenía la silla para el auto, cuna, entre otros implementos, y tampoco andaba con el bolso que preparó para el momento del parto.
Desde la casa de sus padres, Isidora, que actualmente vive en Pichilemu junto a su familia, detalla cómo sorteó este nacimiento inesperado. «Yo vine a Santiago para ir al control de la entrega de licencia del prenatal y como mi pareja había estado de cumpleaños, mis suegros nos invitaron a comer. Ahí decidimos quedarnos», comenta mientras observa a Maia en su quinto día de vida.
De pronto, mientras estaban en el auto, la actriz sintió que caía líquido (amniótico) por su cuerpo, por lo que su matrona la envió a la clínica. Ya en el centro de salud, «me dijeron no sales de aquí sin tu guagua. Yo no tenía la silla del auto, ni la cuna, ropita, nada. Ni siquiera tenía otra ropa para mí. Todo era una preocupación pero un relajo al mismo tiempo porque me estaban monitoreando y la bebé estaba excelente».
A pesar de que parte del plan cambió, la creadora de contenido logró tener un parto natural (con anestesia) y destaca la ayuda del equipo médico compuesto por la matrona Alejandra Becerra y la doctora Karin Wensioe. «La verdad es que fue un parto increíble. El corazoncito de Maia latía perfecto y fue un parto lleno de risas, lo pasé bien. Con mi pareja estuvimos muy compenetrados», detalla la también madre de Miel (7).
¿De qué se reían?
«De diferentes cosas. De las circunstancias, de los nervios del papá porque esta era su primera guagua, yo me veía muy relajada y todo eso provocaba cosas cómicas. El resto del equipo quedaba sorprendido con nuestro nivel de relajo. De hecho, la noche que estuve hospitalizada compramos por internet la silla para salir de la clínica. Yo estaba entregada a la situación y de verdad que Karin y Alejandra fueron máximas. Ellas son alucinantes, mujeres que saben lo que hacen y que entregan mucha confianza».
¿Cómo funcionó la red de apoyo en este caso?
«Ha sido fantástico. Con mis amigas que sabían de mi embarazo nunca nos pusimos de acuerdo para que me entregaran algunas cosas. Y cuando una de ellas se enteró de que yo estaba en trabajo de parto, buscó y tenía la cuna, coche y ropa (para regalarle). O sea, no he tenido que comprar absolutamente nada de ropa. También tuve la suerte de que una marca que me conoce me mandó sostenes de regalo, me compré un extractor de leche por internet, otra amiga me prestó su cojín de lactancia, una mochila y así. Todo ha surgido de manera espontánea y muy amigable. Podría ser un estrés mayor pero no lo ha sido. Mi guagua de verdad venía con la marraqueta y ella estaba decidida a nacer un mes antes».
¿Qué sensación le dejó toda la ayuda que recibió?
«Me deja agradecida infinitamente de quién soy porque creo que es un reflejo de lo que uno trae en el corazón y también es un reflejo de lo que está pasando a nivel nacional. En estos días (a propósito de los incendios en Viña del Mar) se han movido las redes de apoyo y eso demuestra que el crecimiento es colaborativo. No estamos solos nunca, todo es un colaborativo, un trabajo en equipo. Eso me pasa cuando veo a los veterinarios ayudando a los animales que salieron dañados, a todos los influencers que se han movido y así uno se da cuenta que el mundo es una colaboración».
¿Cómo ha sido para Miel transformarse en hermana mayor?
«Ha sido lo más emocionante que hay. Miel estaba de vacaciones con su papá, que junto a su pareja siempre se portan increíble con nosotros. Y cuando Maia nació, Miel estaba en el norte viendo a crías de lobos marinos, delfines. Estaba observando algo naturalmente hermoso y cuando vio fotos de su hermana se emocionó. Después, cuando llegó a Santiago, su reacción fue hermosa. Me abrazó a mí, a mi pareja y no nos podía soltar de la felicidad. Ella quiere darle leche a su hermana, tomarla, hacerla dormir. Eso evoca ternura. Yo pensé que se iba a poner muy celosa porque al principio quería ser hija única y decía que no quería tener hermanos. Pero con el nacimiento se le gatilló el amor y eso me hace sentir orgullosa de mi hija. Estoy feliz por Maia y por mi entorno».


