Fue a un homenaje por los cien años del nacimiento de su padre
De ojos azules y pinta de galán, Pierre dejó loquita a la ministra de medioambiente, María Ignacia Benítez.
Parecía un alumno más. Solo, con una mochila al hombro y sin despertar sospechas, Pierre Ives Cousteau entró al Centro de Investigación de la Universidad Andrés Bello, en Quintay, donde una treintena de estudiantes, además de algunas autoridades, lo esperaban para compartir experiencias del mundo submarino y entregarle un reconocimiento por los 100 años del natalicio de su padre, Jacques Cousteau.
El hijo menor del ecólogo (28 años, soltero, 1,90 metros, sin hijos y con la intención fija de echar raíces en Isla de Pascua), recién fue reconocido cuando Henry García, el eterno compañero de Cousteau en el Calypso, se le acercó.
Ahí comenzó la histeria de los presentes. Partiendo por un profesor-fan que, apenas terminó el homenaje, se le abalanzó para pedirle un autógrafo.
Y siguiendo con la ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, que primero se mandó un discurso de lo más sobrio pero que después corrió por la arena, tomó de la cintura al muchacho, a esas alturas convertido en un verdadero rockstar, le robó un beso y le dijo «ahora me toca a mí. aaay, sácate una foto conmigo».
Ya se había tomado fácil unas 50 fotos, pero accedió, siempre con una sonrisa y esos ojos azul profundo que dejaron a varias loquitas. Hasta le regaló una réplica del típico gorro de lana rojo que usaba su papá a la ministra.
Tomó pisco sour, comió pescado y cuando el cielo ya no daba señales de abrirse, el bioquímico y hombre fuerte de Cousteau Society, decidió sumergirse en el mar. Aunque el clima no lo acompañó.
«No había buena visibilidad y el agua estaba muy, muy fría, pero fue una experiencia maravillosa. Yo amo mucho Chile, estoy realmente maravillado», dijo.
Tras el buceo, fumó un cigarro sobre el bote, se frotó sus moradas manos por el frío y volvió a tierra. Se cambió de ropa y se fue tal como llegó. sin que nadie se diera cuenta.
26 Metros descendió Pierre Ives en su primera travesía en aguas chilenas.
Cousteau irritado
«Celine no tiene derecho a hablar en nombre de mi padre»
Antes de Pierre, en Chile conocimos a Celine Cousteau. Su trabajo por la conservación de la flora y fauna submarina y por mantener el nombre de su abuelo Jacques la convirtieron en un personaje más que interesante en estas tierras. Pero precisamente eso irrita muchísimo al joven Pierre Ives.
«Celine no trabaja en la Cousteau Society, donde perpetuamos su mensaje. Ella no tiene un contacto directo con nosotros», dice tajante en el único momento en que su saludable humor se va a las pailas.
-¿Por qué la mala onda?
-Porque solamente las personas que trabajamos ahí podemos hablar en su nombre. Es ilegal lo que ella hace, no tiene el derecho de utilizar ni hablar en nombre de mi padre. Es como usar el nombre de Coca Cola.
-¿Hay contacto entre ustedes?
-No. Es bueno que haya gente como ella que sensibilice a otros para cuidar el medio ambiente, pero si quiere utilizar el apellido de mi padre, que trabaje con nosotros. Ojalá un día lo haga, pero no es el caso y está mal lo que hace.


