Julio Subercaseaux armó vital puente aéreo en la zona castigada
Ella dice que no está orgullosa, porque él y otros pilotos solo cumplieron con su deber en un papel de héroes anónimos.
No estoy ni orgullosa ni no orgullosa. Él solo cumplió con lo que debía hacer», dice con un leve dejo de chochera Mary Rose McGill. Su hijo Julio Subercaseaux movilizó a más de 50 avionetas y una decena de helicópteros para ayudar el 27 de febrero.
«Él es presidente de la Federación Aérea de Chile y apenas fue el terremoto me llamó para saber cómo estaba y, cuando supo que estaba todo en orden, me avisó que los estaba reuniendo a todos para ir en ayuda de los lugares más afectados», cuenta la gestora cultural.
La organización fue tan rápida, que a 24 horas del cataclismo, el contingente de pilotos civiles empezó a viajar a las localidades más aisladas. «Los aviones pequeños son indispensables en estas catástrofes, porque pueden aterrizar en cualquier parte. Hay pistas pequeñas en campos, fundos y ellos pueden llegar antes a lugares donde no pueden acceder otros», dice Mary Rose.
-¿Fascinada con su hijo?
-Han hecho un papel de héroes anónimos en que todos se pusieron la camiseta. Nadie dijo que no y eso hay que rescatarlo. Dejaron sus propios intereses de lado y se pusieron a trabajar por el país.
Los aviadores privados lograron transportar heridos, sacar a damnificados, llevar alimentos y ropa y hasta una misión bastante más lúgubre. «Fuimos los primeros en llegar a la isla Mocha y debimos sacar cuerpos. Eso no es algo muy grato. Los pilotos estamos acostumbrados a situaciones bastante extremas, pero transportar cadáveres y llevarlos es algo terrible y que no se hace todos los días», cuenta el propio Julio Subercaseaux.
Según su evaluación, se trasladaron 120 toneladas de comida y ropa e, incluso, el domingo 28 se llegó a una meta de 230 viajes en los puentes aéreos coordinados en Chillán, Temuco y Cauquenes.
«Desde esos lugares se acopiaba el material y se repartía gracias a los 68 clubes aéreos que componen la federación», relata el ingeniero comercial de 49 años, de los cuales lleva 30 volando
-¿Cómo fue ver la tragedia desde el aire?
-Es la misma sensación de ver una caja de fósforos dada vueltas. Era como ver puros palitos tirados desordenadamente. Una casa por medio se había venido al suelo y eso da mucha impotencia, porque hay gente sufriendo.
-¿Qué le tocó hacer?
-Hice pocos vuelos, porque estaba organizando, pero sí me tocó llevar comida, unas cajas familiares del Ministerio del Interior, frazadas, mucha agua mineral y leche.
-¿Qué le parece la ayuda que lograron dar?
-Es un orgullo lo que entregaron los pilotos civiles. Hicimos mucho y todo a base de pilotos voluntarios, disponiendo de su tiempo y de sus aeronaves
Las opiniones de una mujer que sabe
1 «La descoordinación fue grande. La falta de celeridad creó problemas», dice Mary Rose.
2 «Los saqueos se pudieron evitar en el 80% con los militares en la calle a los 5 minutos».
3 «El edificio de Concepción es una vergüenza nacional. Espero que las empresas sean sancionadas».


