Gobierno de ese país les dio una casa. Tío de los niños dice que el mayor vio a la mamá fallecer.
Jamilé no se despegó de las piernas del ministro de Desarrollo Urbano y Vivienda de Ecuador, Walter Solís Valarezo. Ni en el living, ni en el segundo piso, ni cuando él cortó una cinta para inaugurar esa modesta casa del Primer Callejón Francisco Segura, entre Milagro 16 y Balzar 17, de Guayaquil.
«Desde que llegué, se abrazó a mí y estuvo todo el tiempo conmigo. Salió conmigo en todas las fotos», cuenta Solís.
La niña tiene ocho años y esa casa ahora es de ella y de sus cuatro hermanos. Su madre, Ana Vivero, la había comenzado a construir y solo alcanzó a levantar seis pilares de cemento. Luego viajó a Chile, en busca de un mejor horizonte. Como dicen en Ecuador, era empleada de un «soda bar» y poco a poco, uno por uno, compraba pasajes de avión para que sus hijos se mudaran con ella. No todos alcanzaron a hacerlo.
Una pared de la casa en la que vivía Ana en Talca se derrumbó con el terremoto del 27 de febrero y la mató. Su cuerpo fue trasladado a Ecuador en un avión de la fuerza aérea de ese país y sus niños también regresaron.
«Me dio mucha alegría verlos bien. Están en su entorno, están estimulados. El afecto de sus tíos y de sus primos los hará recuperarse de esta gran pérdida», dice Solís. El gobierno ecuatoriano terminó de construir la casa, que ahora tiene tres dormitorios y 76 metros cuadrados.
«Está muy bien terminada, está bonita», dice Emilio Vivero, hermano de Ana y quien ahora tiene la tuición de los niños. Cuenta que Bryan, el mayor, de 15 años, se está recuperando. «Tiene un poco más de problemas sicológicos. Él vio a la mamá fallecer. Está mejor, está en el colegio. Él evoluciona de una manera distinta de los niños pequeños», explica.
Yaritza, de 13 años, no alcanzó a viajar a Chile y durante cuatro días veló solo fotos de su mamá, en Guayaquil.
Los vecinos ayudan a la familia y ya juntaron plata para los uniformes de los niños. «Tuvimos que hacer un bingo. Ellos se fueron de aquí y no iban a regresar, así que no tenían nada», explica Emilio.
13 días se demoró una empresa constructora en terminar la vivienda en Guayaquil.


