El lugar de la otra, de Maite Alberdi, fue estrenada en Netflix
La cinta se basa en María Carolina Geel, quien en 1955 mató a su enamorado mientras tomaban un té en el empingorotado hotel Crillón, en el centro de Santiago
Hace casi 70 años, una escritora muy valorada entre sus pares se levantó de la mesa donde tomaba el té junto al hombre con quien mantenía un romance. Estaban en un salón del lujoso hotel Crillón, uno de los más elegantes de Santiago en esa época. Los testigos contaron que sin aviso la mujer sacó un arma y los cinco tiros que acertó empujaron hacia atrás a su enamorado. Lejos de huir, ella lo abrazó y besó en las heridas, mientras suplicaba ayuda para salvarlo.
El crimen fue noticia de alto interés entonces y ahora el hecho vuelve a ser presentado por la directora chilena Maite Alberdi en la película «El lugar de la otra», recién estrenada en Netflix. El trabajo se basa en el libro «Mujeres asesinas», de la abogada Alia Trabucco. La cineasta de «El agente topo» consigue darle un giro al incluir interesantes personajes para contar una historia de crecimiento personal de la secretaria de un juzgado.
Tanto la película como el libro se plantean por qué una mujer culta e independiente de 42 años tomó una decisión tan drástica.
El asesinato ocurrió en abril de 1955 y fue consumado por María Carolina Geel, el seudónimo de Georgina Silva, una mujer que ya había publicado tres libros con buena recepción entre la crítica. Tras una larga relación fallida, terminada con la anulación del matrimonio según el libro de Trabucco, se había prendado de Roberto Pumarino Valenzuela, un compañero de trabajo en el Consejo de Empleados Públicos y Periodistas, ocho años más joven, distanciado de su esposa y padre de un niño.
En el sitio del repositorio académico de la U. de Chile se encuentra una tesis firmada por Carolina Jiménez Morales de nombre «El tránsito del ensueño a la tragedia: Investigación biográfica sobre la escritora María Carolina Gee» (https://acortar.link/lXcJQT). Su profesora guía fue Faride Zerán, madre de Alia Trabucco.
En la tesis, a partir de entrevistas con escritores de la época, se describe a Geel como una mujer bajita, morena, buenamoza, aunque no llamaba particularmente la atención. Pumarino era un tipo de estatura corriente, tez blanca, bigote negro y llamado por sus colegas «don Puma».
En un artículo escrito por Alejandra Costamagna se relata que el empleado quería casarse con la escritora, pero antes debía anular el matrimonio. Cuando se lo pidió a su exmujer, ella le dijo primero muerta. Poco después esto se cumplió y Pumarino le pidió la mano a su novia. Ella se negó por completo y escribió una amarga carta explicando: «Todo el bien que pudiera darme no alcanzaría a desplazar la espantosa miseria moral que el matrimonio llega a infiltrar en los seres».
De acuerdo a la película, los familiares y cercanos del hombre estaban convencidos que ella no le convenía porque la encontraban «rara», «loca» o «diferente». Los indicios apuntan a una relación conflictiva.
Poco después Pumarino «actuó como actúan los despechados. Se comprometió con una muchacha linda, segura de sus ideas, y fijaron la fecha de la boda para el 13 de mayo», afirma el artículo de Costamagna.
Un mes antes, el empleado la citó al café del hotel Crillón. Los chismosos que se sentaron en mesas contiguas recordaron luego palabras sueltas, indicios de una despedida. Como relató años después un artículo de «El Mercurio», de la mano de la escritora «en lugar de una pluma apareció una pistola sobria y precisa». Ausente del escándalo que naturalmente se armó en torno al crimen, la mujer primero abrazó y besó al hombre que amaba, para luego quedarse tranquila hasta que fue detenida por la policía.
Los diarios de la época se deleitaron con los detalles escabrosos. Alone, famoso crítico y amigo de Geel, redactó una columna para apuntar «al tribunal de la prensa amarilla» de condenar previamente a la asesina. El tribunal finalmente dictó una sentencia de tres años que no se cumplieron pues, por mediación de Gabriela Mistral, la mujer recibió el indulto presidencial poco después de purgar 500 días.
En libertad escribió un libro llamado «Cárcel de mujeres» que consiguió críticas mixtas. Geel se fue apartando del círculo literario y pasó años sin escribir. La muerte la alcanzó en 1996, aquejada de Alzheimer, a sus 82 años. Se dice que nunca aclaró de forma contundente por qué actuó con tanta violencia contra su enamorado.



