Académico aborda la importancia geopolítica de los semiconductores
China es el mayor importador de semiconductores, invierte más en chips que en petróleo. Ahí hay una debilidad en su competencia con Estados Unidos, planteó.
«No solo es una batalla para ser dueños de los mercados o de la tecnología, es más bien una guerra que ya está redefiniendo el mapa geopolítico con consecuencias importantes para Estados Unidos, Taiwán y el resto del mundo, con implicancias que aún no hemos podido entender».
El académico Chris Miller, autor del best seller «La guerra de los chips», postula que el poder político mundial va de la mano con la capacidad de desarrollar y disponer de semiconductores, dispositivos hechos principalmente de silicio y que son capaces de procesar información en una amplia gama de dispositivos electrónicos.
Invitado como principal exponente de la conferencia «La otra mirada a la geopolítica y la seguridad», desarrollada este martes en el centro de eventos Metropolitan Santiago, en Vitacura, Miller planteó que al igual que la industria de chips surgió en la Guerra Fría con la competencia militar, «hoy en día la IA está al centro de la defensa de las siguientes generaciones».
«Antes el desafío era guiar las municiones a través de los semiconductores. Los usaban para propósitos militares. Hoy todo lo tenemos nosotros, como las capacidades de GPS. Incluso Corea del Norte e Irán tienen estas capacidades de precisión para enfrentar sus desafíos militares», dijo el doctor en Historia de la Universidad de Yale.
Recalcó que ahora «la frontera de la computación es distinta, es desplegar la IA en sistemas militares y aún cuando se observa que en películas de ciencia ficción es algo para el futuro, todo esto está pasando hoy».
Desde el punto de vista estratégico, Miller apuntó que «a diferencia de cualquier cosa que podemos ver, hay solo una cadena de suministro en la que todos nos basamos para nuestros teléfonos, computadores, centros de datos y para los sistemas de defensa. Es esa cadena de aprovisionamiento que viene desde Europa, va a Norteamérica y termina en el este asiático y en Japón, Corea y Taiwán. Se puede hacer un nuevo teléfono o centro de datos, pero no se puede hacer sin la contribución de todos estos países. Nada está tan concentrado como la industria de los chips». Más aún, recalcó que «no se pueden entender las políticas internacionales sin comprender esta cadena de aprovisionamiento».
La pregunta inmediata es, ¿qué se necesita para crear un semiconductor?. Miller responde: «Primero, un software especializado en diseño automatizado. Si usted abre un teléfono y ve cuál es el procesador principal hay un chip con diez o veinte mil millones de transistores que están ahí y que se encienden para hacer una llamada o ver Instagram. No es algo simple, pero hay tres empresas en el mundo que crean los software para diseñar los chips, sin ellos no se puede diseñar».
Según Miller Estados Unidos, Taiwán y Países Bajos son los líderes en la fabricación de estos súper chips, valiosos en la era de la IA, y además comentó que «China se quedó atrás» en esta área e intentó hackear (con un intento fallido) a la empresa ASML de Países Bajos.
Debilidad asiática
Así las cosas, acentuó Chris Miller, «ninguna región ni un país es autosuficiente. Cuando escucho a líderes políticos, como en China, hablar de autosuficiencia están soñando. El país que puede producir casi cualquier cosa de alta calidad a bajo costo tiene un microscópico rol en la industria del chip. China es el mayor importador de semiconductores, invierte más en chips que en petróleo. Ahí hay una debilidad en su competencia con Estados Unidos».
Esta pugna tiene un extenso historial de sospechas y esfuerzos por controlar al otro. «Hace 18 meses salió una historia interesante. La inteligencia estadounidense encontró modems adicionales en grúas portuarias que permiten acceso remoto y teme que China pueda tener la capacidad de cortar las comunicaciones de los puertos», detalló.
Por otra parte, aseveró, «China ha impuesto otras restricciones a equipos importados de occidente. Tesla, por ejemplo, lleva casi una década luchando con China respecto de dónde pueden circular sus autos porque hay una preocupación sobre las cámaras. China cree que están recopilando datos importantes para enviárselos a Washington, por eso los chinos han impuesto restricciones en la circulación de esos vehículos. Y con justa razón».
Miller mencionó otro ejemplo en esta guerra cibernética: «El año pasado unos investigadores de ciberseguridad compraron un auto chino en Noruega y lo desmantelaron por completo para saber dónde iban los datos recopilados por los sensores. Descubrieron que había decenas de sensores en el auto como cámaras, radares exteriores, sensores de ultrasonido, temperatura, GPS y micrófonos. Los investigadores noruegos se dieron cuenta que el 90 por ciento de esos datos terminaban en servidores en China».
Ese experimento desarrollado en una mina abandonada, para que el auto estuviera aislado completamente, comprobó las preocupaciones más profundas. «El presidente Trump no está loco cuando escribe tuits en mayúscula indicando que la cadena completa de suministros electrónicos es un asunto de seguridad nacional. Hay que fijarse cuando postea en mayúscula, normalmente habla de las posibles amenazas», afirmó Chris Miller.


