Su Viagra incluía, además, testosterona y glándulas de próstata bovina
La diferencia de edad le pesaba al Führer. Para otros males, recurría a 81 medicamentos.
Si el Viagra hubiera existido en la década del 40 en Europa, Adolf Hitler la hubiera tenido más fácil. No se sabe si el líder nazi tenía poco aguante en la cama o su amada, Eva Braun, era muy exigente, pero la cosa es que los 23 años de diferencia con ella le pesaban y debía recurrir a la medicina para tenerla satisfecha a la hora de hacer el amor.
Corría 1944 y su médico de cabecera, Theodor Morrel, decidió prepararle un mejunje para potenciar su performance sexual. Se componía de testosterona, además de semen y glándulas de la próstata de toros jóvenes. Y como al Führer, en ese entonces de 55 años, le daba miedo tomar pastillas -aunque la comodidad del Viagra actual quizás lo habría convencido- debía inyectárselo.
Por lo menos eso asegura el libro «¿Estaba Hitler enfermo?», basado en archivos médicos y documentación militar clasificada, que se lanzó el sábado, cuenta «Fox News».
Adicto a los fármacos
Pero su primitivo Viagra no era el único medicamento que tenía en el botiquín, pues según el «Telegraph», el dictador alemán era adicto a los remedios. Tan fanático, que recurría, además de su potenciador sexual, a otros 81 fármacos, entre ellos, anfetaminas, barbitúricos y opiáceos. Este último, derivado del opio que se usa para controlar el dolor.
Los autores contaron que Hitler algunos días llegó a inyectarse 28 dosis diarias. Pero «en ningún momento él sufrió delirio patológico. Siempre fue consciente de sus actos», acotaron.
Por ejemplo, la halitosis y la flatulencia lo incomodaban mucho, así que para combatirlas no tuvo problemas en usar fármacos que contenían veneno para ratas.


